En mis paseos por la ciudad, un centro que a ciertas horas de confinamiento se disfraza de desierto, permite fijarte en singularidades antes indetectadas, esta mañana descubrí un nazareno en un balcón , una calle por la que he pasado infinidad de veces , pero al estar abarrotada iba más pendiente de no chocar con los iguales que mirar al cielo.
Tal vez lo hayan puesto hace poco , de ahí mi hallazgo, pero me da a mi que lleva una eternidad esperando para recitar a pulmón lleno una saeta y que mi despiste fue incapaz de verlo.
Así que inmortalizado queda.
Fotografías de mi autoría.