Noches de cabaret, de bailes, de complicidad, de investigación .
Ese laboratorio que es la calle, los bares, el alterne, conversaciones zafias, donde el tiempo parece detenerse y las personas parecen eternas, inalcazables, diferentes, esperténticas a veces, donde aprendemos la otra cara de la vida, a no poner la mejilla sino a que te la partan, donde comprendemos que lo que nos han enseñado es solo una parte del todo y que el todo es mucho más grande e infinito que las partes. Donde Julián , ese camarero con sueños es solo un peón al servicio de la destrucción que poco a poco va matando las ilusiones bañadas en alcohol.
Los secretos más ocultos salen a la luz, fluyen sin remedio a medida que las lenguas comienzan a ser más libres y la comodidad se establece como escenario.
Donde Fedra va descubriendo que Julián ya no es tan atractivo que solo se mueve por un impulso, no puede darle todo lo que ella busca y parte en busca de nuevos horizontes más estables, más blancos, más ...
Donde el blanco comienza a ennegrecerlo todo , a transformar el olor a perfume en hedor humano y las cabezas empiezan a funcionar como rayos destructores.
Solo las horas harán devolverlo todo a su estado matinal y la cordura se hará dueña de la histeria.
Fotografía de mi autoría