Adentrarse en tí es facultarse,
en el cambio de las estaciones,
el crujir de hojas secas,
bien nombrado eres,
bosque caducifolio.
Corre un aureo resplandor,
por los claroscuros de tu atardecer,
juego profesional de luces y sombras,
que sueles hacer.
El polvo y
cada minúscula partícula
haciendose flourescentemente visible,
en tus perpendicularísimos haces de luz.
La calma que inspiras,
todo en tí discreto,
sutil e imponente,
humilde y encantador.
Caducifolio constantemente cambiando,
una máquina,
de cambiar.