Leer esto me sacó una sonrisa instantánea y me arrastró directo a la infancia. Yo también vengo de esa época donde la lluvia no era una molestia, sino una invitación a la travesura. Recuerdo las carreras bajo el agua con mi hermano, buscando estratégicamente los charcos más grandes en la orilla de la calle esperando que pasara un carro y nos bañara de agua y risas escandalosas. Esos recuerdos de cuando estábamos de visita con los primos en Ciudad Alianza, en Carabobo, reunidos un grupo de 9 chamos sin más preocupación que disfrutar el momento, se quedan grabados para siempre.
Con los años, la forma de habitar la lluvia cambia por completo, ¿verdad? Hoy en día mi ritual es totalmente opuesto pero igual de intenso: en cuanto empieza a llover y me agarra en casa, dejo todo, me meto directo bajo las sábanas, cierro las cortinas para dejar el cuarto en completa oscuridad y cierro los ojos. Para mí, ese refugio de silencio y quietud absoluta es un éxtasis total.
Sin embargo, te confieso que la última vez que salí a mojarme con la lluvia, fue hace un par de años. Tenía demasiados problemas y me sentía completamente agobiada. Así que decidí salir a caminar y pronto empezó a llover. Mi hijo, que me acompañaba, me dijo "mami, vamos a casa" y me negué. Pensaba que esa lluvia se llevaría mis problemas. No se los llevó pero aclaró mis ideas.
Te dejo un abrazo. Me encantó leerte.
RE: Conexión natural // Natural Connection