Qué belleza de reflexión, y cuánta verdad en tus palabras. Los animales no tienen culpa: ellos solo saben amar, confiar y vivir desde el instinto. Es nuestra responsabilidad como humanos actuar con conciencia y respeto, no solo hacia ellos, sino hacia los espacios que compartimos. Ese letrero que viste en Medellín es una joya de sabiduría cotidiana —ojalá más lugares apostaran por educar en lugar de prohibir. Gracias por compartir tu experiencia y por sumar con tanta claridad y cariño a esta conversación. Un abrazo grande 💚🐾
RE: La Quietud de lo Prohibido