Entrada al Concurso de minicuentos de Literatos | Rescatando lo más valioso

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Grandes nubarrones sobre la montaña anuncian una tempestad. El cielo se ilumina con los rayos que caen atraídos por la tierra. El sonido de los truenos asusta a los perros que ladran como si pelearan contra ellos. Llevan ese instinto en sus genes, saben que hay peligro, deben advertirles a los demás integrantes de la manada. La lluvia y el viento comienzan a arreciar.

En la casa de tejas y paredes de bahareque, Julián y su esposa, Carmen Elena, tratan de mantener a sus dos hijos más pequeños en calma. Las gotas de lluvia caen con estrépito sobre el techo y comienzan a colarse a través de los orificios, inundando el interior de la casa.

—¡Corre Sebastián! Busca los baldes que están en la cocina.

Mientras Julián le da esa orden a su hijo de 15 años, va hasta la puerta que se ha abierto de un solo golpe. La brisa acompaña al agua que cae a cántaros y moja la vivienda.

En pocos segundos el nivel del agua comienza a subir. Julián sabe que el río va a inundar todo el valle. Ve pasar palos, y ramas con hojas verdes, está arrastrando todo a su paso y solo es el comienzo. Ya después vendrán troncos, árboles completos con sus raíces desgarradas y por último las rocas, grandes rocas que aplastarán todo a su paso. No hay tiempo que perder.

—¡Vamos, hay que salir de aquí!, —grita con todas sus fuerzas, —el río se va a llevar la casa.

Carmen Elena agarra a sus hijos y comienza a recoger algunas cosas para llevárselas.

—¡No mujer! Deja eso... no podemos.

Ella, tratando de contener las lágrimas, se llena de valor ante la adversidad, ante la naturaleza y toma a sus hijos... su bien más preciado. Sigue a su marido y a su hijo mayor a la intemperie, donde el viento y la lluvia los azotan con furia.

Corren casi sin ver a donde se dirigen, pero esperan llegar a una colina que está como a cien metros de la casa, es su única posibilidad. Sebastián se detiene, se ha acordado que ha dejado al caballo amarrado en un árbol. No lo piensa y se regresa.

—¡Hijo! ¿Para dónde vas? —le grita su padre, pero él ya no lo escucha.

—¡Hijo vuelve por Dios! le grita su madre desesperada... Julián. ¡Tienes que buscarlo!.

Pero Julián sabe lo que tiene que hacer y es poner a salvo a su esposa y a sus hijos pequeños y con lágrimas en los ojos, sigue y alcanza la colina. El agua se ha convertido en un torbellino de lodo, piedras, troncos y restos de lo que fueron las casas del valle.

Dicen que después de la tempestad viene la calma. La lluvia y el viento fueron amainando, los rayos de sol se colaron entre las nubes y el río continúo su marcha, manteniendo el cauce que había recuperado.

A metros de ese lugar, un caballo y su jinete, cubiertos de barro, esperan que las aguas bajen.

Muchas gracias por leer, esta es mi participación en el Concurso de minicuentos: Celebrar la novela Moby Dick: el portento de la naturaleza y el destino humano, convocado por la comunidad #Literatos y bcon el patrocinio de la la-colmena@la-colmena

La imágen de la presentación la realice en el programa Canva con una fotografía libre de uso

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