Trozos de Caracas III

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Foto: Cortesía de Armando Sánchez
El Ávila, monumento natural de nuestra ciudad de Caracas, es además monumento inspirador de poetas, artistas plásticos, compositores y caminantes sin notoriedad, pero celebrantes del magnífico cerro.
Impresiona la variedad de tonalidades que nos muestra cada día, verde, azul plomizo, rojizos que le imprimen las variaciones del clima.
Es nuestro símbolo de identidad física y espiritual, lo llevamos con nosotros donde quiera que vamos. Los caraqueños sentimos al Ávila como parte de nosotros, esta allí como un padre.
Por los años setenta fue declarado Parque Nacional, lo que le otorga un rango que obliga según regulaciones, a su conservación.
Por diferentes entradas a El Ávila, siempre ha subido los visitantes, para recorrer las zonas más conocidas a través de caminerías. Desde los años 50, con la inauguración del teleférico, la concurrencia de visitantes se desplazó a este sistema.
Con la construcción del Hotel Humboldt, se instaló otro ícono del cerro y de la ciudad. Se cuenta que en sus inicios, el trayecto entre la estación de llegada y el hotel se realizaba en funiculares, que hacían más cómodo el traslado. Hoy en día se hace en una hermosísima caminería desde la cual, en los días despejados podemos ver de un lado la ciudad de Caracas y del otro el mar Caribe.
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Foto: Cortesía de globovision.com
La vertiente norte del cerro, decora las zonas del litoral guaireño y sus alrededores, los que hermosamente se divisan desde la cumbre de la montaña, como ya lo he mencionado.
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Foto: Cortesía de pinterest.com
Los primeros fríos decembrinos, se solían llamar "Pacheco", así llamado por el arriero de ese apellido, quien solía bajar en esos días de Galipán, con su floral mercancía para la ciudad.
En la época de Semana Santa, bajan desde El Ávila, por Sabas Nieves, Los Palmeros de Chacao, cargados de Palmas del Domingo de Ramos en toda la ciudad de Caracas.
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Foto: Cortesía de amiguitoenlinea.blogspot.com
Dicen que un médico alemán de apellido "Kanoche", se instaló en El Ávila, donde hacía sus investigaciones e incluso cuentan que embalsamaba difuntos, entonces apareció la leyenda infantil que decía: "no dejes que te agarre la noche en El Ávila porque te sale Kanoche".
Otro emblema del cerro es la Cruz del Ávila, que se colocó en la montaña desde 1963. La idea fue del ingeniero norteamericano Ottomar Pfersdorff, quien trabajaba en La Electricidad de Caracas. Pasó por varias ubicaciones, hasta su sitio actual, el sector Papelón, del Ávila. La tradición marca el encendido de la Cruz, el 1ro de Diciembre de cada año, desde la sede de la compañía eléctrica, y desde allí ilumina las noches caraqueñas hasta el 6 de enero, día de Reyes.
Muchos han sido los personajes han hecho del Ávila un paseo habitual, entre ellos el famoso médico y formador de médicos Federico Milá de la Roca, quien se mantuvo subiendo el cerro, hasta su ancianidad, recuerdo haberlo visto subir a Los Venados, a pie a sus 85 años aproximadamente.
Este emblemático monumento natural y espiritual de nuestra ciudad, como ya lo mencioné al principio, ha sido inspiración de muchos artistas, poetas como Aquiles Nazoa, Andrés Eloy Blanco y Manuel Díaz Rodríguez, han dedicado su pluma al cerro y para pintores como Cabré es musa inagotable, por nombrar algunos que hicieron de sus obras, homenaje permanente al inconmensurable Ávila.