Ya se ha escrito mucho sobre el éxodo de nuestros compatriotas buscando nuevos horizontes, y de los éxitos, trabajo y penurias que pasan en este proceso migratorio. Sin embargo poco hablamos de cómo quedamos los padres y abuelos que vemos partir a hijos y nietos. Aquí quedamos, rogando a dios que otro destino les haga felices y llorando su ausencia de día y de noche.
La mía es una familia unida, que hemos crecido unos cerca de los otros y hoy, como muchas otras familias, estamos regados por el mundo, unos por aquí, otros por allá y el tronco fundamental de esta prole, aquí, en un país que desconocemos. Es como haber emigrado sin avión, sin maletas, sin esperanzas.
Vivimos en un país que no es el que conocíamos, rodeados de una sociedad que nos agrede. Esa no es Venezuela!
Venezuela es: hacer hallacas y compartirlas con la familia, pasarnos una receta de generación en generación, es unirnos en la adversidad y en las alegrías.
Ahora que llega nuevamente la Navidad, no sabemos a quien llamamos primero para el saludo de nochebuena, la tristeza de la separación siente entre unos y otros.
Sin embargo creo que rescataremos nuestras familias, nuestros afectos y nuestro país.