Luego que saliste por la puerta,
decidí ir a la cocina y prepararme
una taza de café con leche.
Dulce y gustoso como a ambos
nos encanta y nos anima.
Igual a los que tomábamos por
las noches luego de la cena,
donde a risas e historias chistosas
lo disfrutamos también.
Mientras sorbo a sorbo, quería
entender, simplemente no podía.
¡Vaya.! Hace falta una galleta María.
Pensé repentinamente, y de
manera tajante corté mis sentimientos.
Levanté y fui a mi lugar secreto
para las galletas, tomando una.
Si estuvieses aquí, probablemente
sonreirías y tomarías una de mis galletas.
Amas el dulce tanto como yo.
Pero a diferencia de que a ti no te
hace engordar ni un gramo, mientras
que a mí, me suma más superficie.
Me parece incomprensible que debas
y necesitas dejarnos. Esta es la casa
donde nos viste crecer, equivocarnos,
reír, llorar... Y aun así, puedes marcharte
de manera tranquila con eso a cuestas.
A pesar de que lloras, siempre es igual.
Nunca diferente. Si te duele:
¿Por qué te marchas?
Resuena de aquí para allá
tipo pinball eso en mi mente.
Siendo mis pequeños brazos iguales
a los flippers, que no te alcanzan
y mucho menos a mí; para darme
un fuerte abrazo escaso.
Ahora, solo me siento a llorar solitaria
y en silencio dentro de mi habitación.