El uso de la tecnología siempre resulta en una cuestión de doble filo. Me acuerdo de cuando se comenzaron a popularizar el uso de calculadoras en liceos, durante el siglo pasado. Había profesores que las prohibían debido a que se temía que debilitaran la capacidad de cálculo de los estudiantes, y se prefería que emplearan cálculo mental y desarrollaran los procedimientos completos de resolución en papel para responder.
Los profesores tenían algo de razón, y es muy marcado que la habilidad de cálculo mental sin herramientas electrónicas no es algo que sea tan fácil para la generación más reciente.
Incluso, si lo llevamos a un punto más personal, admito que antes me memorizaba los números de teléfono de casi todos mis familiares cercanos (que no eran pocos), y hoy en día no recuerdo ni mi propio número si no consulto con el directorio que me guarda el celular… Así que se puede decir que la comodidad de la herramienta hace que uno no practique algunas habilidades.
Toca ver como encaminar las cosas. Pues la tecnología puede resultar como sacar un demonio de una botella, es decir, una vez que se libera es casi imposible hacer que se vuelva a meter en el encierro y desaparezca. Ya las aplicaciones y agentes de IA están en nuestra realidad, y parece que ganaran cada vez más campos de aplicación.
Nos toca aprender a usarlas de manera que no sean demasiado perjudiciales.
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RE: ¡Que la IA hable por mí! ¿Adicción o la Muerte de las Ideas Propias? -Reflexiones por Salud (ES/EN)