El Cielo (parte II)

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La Biblia dice mucho acerca del cielo. Entre otras cosas sabemos que va a ser un lugar sin pecado. Y no va a haber pecado, simplemente, porque no va a haber muerte. El Señor, en Apoc 21. Él promete que en el cielo no va a haber muerte y si no hay muerte, no hay pecado. Porque dice Pablo en Rom 6:23.

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Comencemos a imaginar lo que va a ser ese lugar, el cielo. Un lugar sin envidias, sin traiciones, sin drogas, sin homicidios. Un lugar donde no exista la avaricia, la hipocresía o la falta de perdón, un lugar donde los niños no van a ser abusados. El cielo será un lugar donde no va haber sufrimiento ni dolor ni enfermedad, en el cielo nadie se va a sentir solo. Dice Apoc 7:17

“porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”.

¿Qué otras cosas van a suceder en el cielo?

Primero: En el cielo el creyente estará con Dios

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El mayor premio de ir al cielo va a ser disfrutar de la misma presencia del Señor; un cielo sin Dios no es el cielo. Por eso Pablo dice en Fil 1:23

“Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”.

Note que Pablo no dice, “deseo partir y estar en el cielo”, el anhelo del apóstol Pablo era estar en la misma presencia del Señor. Ese debería ser también nuestro anhelo, vivir en la presencia de Dios mientras estemos en esta tierra y desear estar con Él allá en el cielo. Partir y estar con Cristo.

Acá en la tierra, dice la Biblia, nadie ha visto a Dios jamás, ni siquiera el gran Moisés que hablaba con Dios cara a cara, el Señor le dijo: “Mi rostro nunca vas a ver”. Ahora, nosotros le veremos cara a cara cuando lleguemos al cielo. ¡¡¡Qué maravilla va a ser eso, hermano!!! Ver a Jesús, el mismo rostro que tenía cuando Él estaba en la Tierra, vamos a ver en el cielo. Dice Apoc 21:3

“Y oí una gran voz del cielo que decía: he aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.

¡Qué emocionante va a ser charlar, caminar, compartir, reír con Jesús!

La bendición más grande en el cielo va a ser disfrutar de la presencia de Dios, estar con Jesús, verlo cara a cara.
Segundo: Ningún creyente va a estar ausente en el cielo.

Las puertas del cielo no se van a cerrar hasta que el último creyente, nacido de nuevo, entre al cielo. Entonces las puertas se van a cerrar.

Ahora bien, recuerde que hay dos cielos: el cielo presente, las personas que mueren habiendo creído en el Señor, van a la presencia de Dios en el cielo presente. Y también va a haber un cielo eterno, cuando todos los creyentes resuciten y vayan a vivir a la nueva tierra, la nueva Jerusalén, que va a ser el hogar definitivo. En el hogar definitivo, en el cielo eterno, las personas que vivan allí, van a ser las mismas que vivieron aquí en la tierra. Seremos los mismos que vivimos aquí en la tierra, sólo que resucitados, santificados y glorificados. No vamos a estar flotando de nube en nube, no vamos a ser seres sin cuerpo, sino que vamos a tener cuerpos físicos y vamos a vivir en un lugar físico, que será la nueva Jerusalén.

Mucha gente cree que vamos a flotar en el espacio, volando de una nube a otra, No. Seremos cuerpo resucitado glorificando a Dios, en la nueva tierra. Todo esto significa que va a haber continuidad de esta vida a la siguiente, dice Job 19:26

“Y después de deshecha ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios”.

Job está hablando del día de la resurrección de los creyentes, de la nueva tierra, del nuevo cielo, de la nueva Jerusalén en donde vamos a vivir en un lugar físico y en donde seremos personas físicas, resucitadas, glorificando a Dios. Seremos los mismos, pero sin pecado, resucitados, glorificados, santificados, pero los mismos.

El cuerpo resucitado de Jesús, el que fue al cielo, es el mismo que murió en la cruz. Por eso les dice Jesús a sus discípulos en Luc 24:39

#“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”.

Soy yo, el que estuve con uds tres años y medio, el que les enseñó, los acompañó, comí con uds, el que caminó con uds, soy yo, no soy un fantasma; tóquenme y vean que soy el mismo. Así que, Jesús resucitado, el que ascendió al cielo era el mismo que murió en la cruz, el mismo que sus discípulos habían visto tres años y medio.

Cuando los apóstoles estaban reunidos en el aposento alto, Él entró y ellos lo vieron y lo reconocieron. Cuando Tomás le dijo, “Señor mío y Dios mío”, (Jn 20:28) se estaba refiriendo al mismo Jesús que había estado siguiendo. Cuando los apóstoles estaban pescando en la orilla se les apareció Jesús, lo reconocieron y Juan dijo: “Es el Señor” (Jn 21:7). Todos los discípulos supieron que Juan hablaba del mismo Cristo, que había estado con ellos tres años y medio. No era un fantasma, era el mismo cuerpo pero ahora, resucitado. María cuando fue al sepulcro vio a Jesús y lo reconoció y le dijo: “Maestro” (Jn 20:16). Había visto al mismo Jesús que había seguido por tres años y medio.

Seremos los mismos, inclusive vamos a tener los mismos nombres. Como el himno que cantamos “Cuando allá se pase lista a nuestros nombres felices responderemos”. ¿Por qué? Porque tendremos los mismos nombres que acá en la tierra. En el libro de la vida, hoy en día, están inscriptos nuestros nombres, los nombres que nos pusieron nuestros padres. Jesús se refirió y llamó a la gente en el cielo por sus nombres. Él dijo: Lázaro, Abraham, Isaac, Jacob, que hoy están en el cielo y los llamó por sus nombres.

Tercero: En el cielo el creyente tiene una familia que lo está esperando

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Dice 1ª Tes 4:14-17

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en la palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Es decir que cuando muramos nos vamos a encontrar con aquellos que nos precedieron en el camino al cielo, aquellos familiares que murieron en Cristo. ¿Sabía ud que en el cielo se va a encontrar con muchos de los personajes nombrados en la palabra de Dios? Nos vamos a encontrar con Moisés, con Abraham, con Isaac, con Jacob, con Enoc, con Elías, con Eliseo, con Ester, con Débora, etc.

¡Qué emocionante va a ser ese día cuando escuchemos de labios de ellos las historias que tengan que contarnos! ¿No le apasiona? ¿No siente una ansiedad por escuchar las historias que Noé, Enoc, Abraham, Ester, Samuel, tienen para contarnos? ¡Qué emocionante va a ser escuchar a Elías dando su testimonio de haber sido arrebatado en una carroza de fuego!
Preguntarle a Moisés lo que hablaba con Dios en la carpa del encuentro. Preguntarle a María que es lo que hacía Jesús cuando era pequeño. Vamos a tener tiempo de sobra para escuchar esas historias, vamos a tener tiempo de sobra, para estar con aquellos familiares a quienes extrañamos, quienes partieron con Cristo al cielo antes que nosotros. ¿Le hubiera gustado pasar más tiempo con sus amigos o familiares y no pudo? Su sueño será cumplido en el cielo, porque va a tener todo el tiempo del mundo para estar con esa gente que extraña, que dejó un vacío en su corazón. Va a estar con ellos teniendo Koinonía, recuperando el tiempo perdido con esas personas. ¡¡¡Qué extraordinario va a ser eso!!!

Cuarto, En el cielo el creyente tendrá su propia casa

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Dice Jn 14:2

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.

La expresión “muchas moradas” da la idea de que tendremos nuestro propio espacio privado en el cielo; aunque integrado a un lugar espacioso donde vive el resto de los redimidos, el resto de los creyentes. Ahora, si en el cielo vamos a tener nuestras propias casas, nuestros propios hogares como tenemos acá en la tierra, ¿Será que también podremos dar la bienvenida y recibir a otras personas en nuestra casa eterna como lo hacemos acá en la tierra? Probablemente sí, dijo Jesús en Luc 16:9

“Y os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”.

O sea, usen las riquezas de éste mundo para ganar amigos, para que ellos los reciban en las moradas eternas. ¿Quiénes son esos amigos que nos van a recibir a nosotros en sus propias casas, en sus hogares, en sus moradas eternas?

Aquellas personas a las que nosotros alcanzamos y predicamos a Jesucristo acá en la tierra; aquellas personas que nosotros reconciliamos con Dios. Esos son nuestros amigos que nos van a estar recibiendo en sus moradas eternas.

No se olvide que el cielo es un lugar fisco, tenemos que quitarnos la idea de que el cielo es un sitio donde vive gente sin cuerpo. Dice la palabra que va a haber una nueva tierra y un nuevo cielo y en la nueva tierra, la nueva Jerusalén. Y Hebreos habla de ciudad, de patria, de país; dice que ellos anhelaban la ciudad eterna de cimientos sólidos construidos por el Señor, Heb 11:14-16

“Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”.

¡¡¡Va a ser algo maravilloso hermano, vivir en la presencia de Dios y junto a aquellos que nos precedieron camino al cielo!!! Nos están esperando para que juntos podamos tener comunión y Koinonía con ellos en los cielos. ¿Será que ellos nos van a recibir en sus casas? Sí. Y ¿Será que en sus casas vamos a poder tener Koinonía? Sí. Y ¿Será que la Koinonía podrá incluir comida? Porque hoy no hay Koinonía sin comida, ja, ja. Yo creo que sí, hermano, porque Jesús lo dijo en Luc 22:29-30

“yo pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

Jesús está hablando del reino que va a venir, el reino mesiánico, donde Él gobierne sobre todas las naciones. Y dice que nos concede el derecho a todos sus hijos, de sentarnos a su mesa para comer y beber. Va a haber Koinonía y en la Koinonía va a haber comida. La cena más especial que ud haya tenido acá sobre la tierra, en nada se va a comparar con la cena que va a tener con Jesús. Porque comer con Jesús, es comer con Dios.

Ahora, Jesús resucitado comió, Él desayunó con sus apóstoles pan y pescado. Además cuando Él entró al aposento alto después de su resurrección dice Luc 24:41-43

“Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42 Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Y él tomó, y comió delante de ellos”.

Él ya les había dicho, “mírenme, tóquenme, no soy un fantasma yo soy el que estuvo con uds”. Y les pide de comer y come delante de ellos a orillas del lago Dice Hch 10:41:

“no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos”.

Queda claro entonces que si el cuerpo de Jesús resucitado comió, entonces nuestros cuerpos resucitados también podrán comer. ¿Por qué? Porque vamos a ser como Él. Dice Fil 3:21

“el cual trasformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. ¡Qué glorioso hermano va a ser estar con Jesús, cantar con Él y comer con Él para siempre!

Ahora no sólo piense en eso, también piense que cada vez que ud siembra para las misiones y para la evangelización, se convierte un montón de gente que van a estar esperándonos en las mansiones celestiales y con ellos vamos a tener comunión por toda la eternidad. Una cantidad enorme de personas en el cielo, que lo va a recibir en sus casas eternas y con quienes ud va a compartir largos ratos de comunión. Escuche, cada vez que sembramos, cada vez que colaboramos con la evangelización, con las misiones, estamos haciendo tesoros en el cielo, contribuyendo para que muchas personas conozcan a Dios. Y esos amigos, a quienes ayudamos a impactar con el evangelio de Jesucristo, nos van a recibir en las mansiones celestiales y con ellos vamos a tener comunión.

Hermano, no cese de sembrar en el reino, no cese de darle a Dios, hagamos todo lo posible para que la gente de éste mundo conozca a Jesucristo y el reino de Dios se establezca. Y esas personas nos van a recibir en las mansiones celestiales y con ellos compartiremos largos ratos de comunión allá en el cielo. ¡Va a ser extraordinario eso! No nos cansemos de hacer el bien (Gal 6:9), no nos cansemos de sembrar. Sigamos adelante, que hay muchas personas que tenemos que rescatar todavía de las garras del infierno, para que pasen al reino de nuestro amado Hijo Jesucristo.

Pero lo más emocionante de todo no va a ser entrar a la casa de nuestros amigos, sino recibir en nuestra propia casa eterna a Jesús. ¡Se lo imagina! Si entendemos bien el mensaje cuando dijo Jesús que Él fue a preparar viviendas para nosotros; vamos a tener la dicha de recibir en nuestra propia casa a Cristo para tener comunión con nosotros. ¿Y por qué no? Si cuando estuvo en la tierra a Él le gustaba ir a la casa de María, Marta y Lázaro.

Si cuando estuvo en la tierra, Él les dijo que no iba a beber más del vino hasta que lo beba de nuevo en el reino de su Padre. Les hizo una promesa a los discípulos y les dijo: no voy a beber más de éste vino hasta que lo vuelva a beber con uds en el reino de mi Padre (Mt 26:29). ¿Dónde va a beber Jesús ese vino? Lo más lógico es pensar que beba ese vino en la casa de ellos, en las mansiones celestiales que cada uno de ellos tenga. Lo más lógico es pensar que Jesús va a entrar a nuestros hogares.

Pero, ¿Por qué esperar que llegue el cielo eterno para que Jesús entre a su hogar, cuando puede hacerlo hoy en día? ¿Por qué no convertir su casa, en la casa de Dios y que su casa, sea un lugar donde Dios quiera visitar? Pero no esporádicamente, sino que quiera visitar y quedarse. Que se sienta tan cómodo en su casa, que le prepare un ambiente de respeto y honra tal, que el Señor diga “no me voy, estoy cómodo acá”. Y ud sabe cómo darle ese ambiente de respeto y honra; en su vida y en su casa para que Él se quede. El pecado lo aleja, la deshonra lo aleja, pero la santidad lo acerca. Prepárele un ambiente de respeto, aleje el pecado de su vida y de su casa y va a ver cómo Él dice: “Me quedo porque acá me respetan y me honran”.

Quinto, En el cielo las personas están al tanto de lo que sucede acá en la tierra

Porque la gente piensa que el cielo, insisto, es un sitio que flota en el espacio y que las almas, los cuerpos incorpóreos, revolotean de una nube a otra. No hermano. Entonces la gente cree que la gente que se va al más allá, no tiene contacto o no sabe lo que está pasando acá. Sí que sabe, si desde el cielo Abraham y Lázaro vieron al joven rico en el infierno, ¿Por qué los santos y los creyentes en el cielo no pueden ver la tierra desde el cielo? Si ellos podían ver el infierno, también pueden ver la tierra, es razonable.

Cuando la ciudad del anticristo, la babilonia cayó, en apocalipsis dice que los redimidos que estaban en el cielo, supieron lo que había sucedido aquí en la tierra. Dice Apoc 19:1-2

“Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; 2 porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella”.

Dando a entender que ellos sabían lo que estaba sucediendo acá en la tierra, por eso ahora alaban a Dios. En Apoc 6:9 se habla de los mártires que están en el cielo, pidiéndole a Dios justicia para sus perseguidores; como dando a entender que saben lo que está sucediendo acá en la tierra, Apoc 6:9

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían”.

Todos estos pasajes son claros y explican que los santos en el cielo, son conscientes de lo que sucede aquí en la tierra. ¿Se acuerda de Samuel cuando murió, que Saúl lo hizo venir del mundo de los muertos? Saúl, mediante una hechicera, hiso traer a Samuel y Samuel llegó. Si ud lee el pasaje va a ver que lo que dice Samuel, habla a las claras de que él sabe y recuerda todo lo que sucedió mientras estaba en la vida. Y también sabe lo que sucedió durante todo el tiempo en que él estuvo muerto. (1ª Sam 28:7-19)

Los pasajes hablan a las claras que los santos en el cielo, saben lo que está sucediendo acá en la tierra. Cuando Moisés y Elías aparecieron en el monte de la transfiguración parecían bien informados de lo que estaba sucediendo acá en la tierra (Luc 9:28-31). ¿Y Hebreos Cap 12? Esa gran cantidad de testigos que nos observan desde el cielo, dice Heb 12:1

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo pero y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.

Gran número de testigos desde el cielo, se está refiriendo al capítulo anterior, Heb 11. El escritor dice que los atletas espirituales del capítulo anterior, nos están contemplando desde las graderías de los estadios del cielo y hay una multitud de testigos que son los del Cap 11 de Heb, los están contemplando.

Y no solo que nos contemplan sino que puedo pensar que nos están alentando, para que nosotros crucemos con éxito la meta, en la carrera de la vida. Ellos están luchando y orando como lo vimos ya, que así como Jesús intercede delante del Padre por nosotros, también lo hacen aquellos que nos precedieron.

¿Y que más ven esa nube de testigos desde el cielo? Que muchos abandonaron la carrera y que otros decidieron tomar una siesta a la vera de la pista, se detuvieron sacaron la reposera y pusieron anteojos de sol.

Y otros han reducido la velocidad, que no corren rápidamente porque no tienen la misma mirada puesta en la meta, sino que se han distraído con lo que sucede a los alrededores de la pista. ¿Qué pensaran Sifra y Fúa? Parteras en una época donde había una ley que las obligaba a abortar, (Ex 1:15.21) ¿Qué pensaran Sifra y Fúa al vernos tan indiferentes frente a éste movimiento abortista que se ha instalado en nuestro país? ¿Se agarraran la cabeza en las graderías viéndonos a nosotros tan indiferentes? Cuando ellas estuvieran dispuestas a arriesgar su vida para no matar a los niños.
Me imagino la sorpresa de Juan el bautista, al vernos tan flojitos espiritualmente y tan tolerantes con los pecados y las injusticias de nuestros gobernantes; cuando él estuvo dispuesto a que le cortaran la cabeza por haber denunciado el pecado de su gobernante. ¿Qué pensará Esteban al vernos tan rápidos para obedecer las leyes y las ordenanzas anti-Dios que los hijos del diablo están imponiéndonos?

¡Ah, si fuéramos así de obedientes en las cosas del Señor como obedecemos las leyes y ordenanzas, en la escuela, en el trabajo, en donde nos toca vivir! ¿Qué quiere hermano, que los hijos del diablo lo inviten personalmente para que hable y promocione el reino de Dios en dónde esté? Eso no va a suceder. Alguno dirá: “¿Es que no sabe hermano que ya hay represalias y que tenemos un médico en el sur inhabilitado y condenado? Porque el médico no quiso matar a un niño en la panza de su mamá”. Hermano, ¡que bendición! Inhabilitado para ejercer la medicina y en prisión; comparado con lo que le pasaba a nuestros hermanos, que eran tirados al foso de los leones en al circo romano y sin juicio.

Porque no se nos permite hablar, ¿Es la razón suficiente por la que vamos a dejar de predicar? ¿Honraremos a Dios u obedeceremos al hombre? Los hijos del diablo nunca estarán de acuerdo con que nosotros promocionemos el reino de Dios, ¿Cuándo entenderemos eso? Ahora, somos rápidos para obedecer las órdenes que vienen de arriba, de gobernantes corruptos y pecadores. Así tendríamos que ser de rápidos con las cosas del Señor y con las órdenes que vienen de nuestras autoridades espirituales y de nuestro Pastor del cielo. Pero todos somos cobardes.
Ahora, esa gente nos está contemplando desde las graderías del cielo, agarrándose la cabeza. Llenos de estupor, de asombro y ellos alentándonos y orando junto con Jesús en el cielo, para que nosotros honremos y obedezcamos a Dios y sigamos corriendo la carrera.

Hermano, hay una carrera por delante, somos atletas espirituales, la meta está adelante, Jesús nos está esperando. Hay algo extraordinario que nos espera después de la llegada. ¡¡¡Vamos hermano, no nos acobardemos, prediquemos a Cristo, que no nos importe el precio que tengamos que pagar, Cristo se lo merece; Él nos rescató del camino al infierno y nos llevó al cielo!!!

Es hora de seguir el ejemplo de aquellos que hoy están en las gradas, en el estadio del cielo, observándonos. Ellos estuvieron dispuestos a sufrir antes que desobedecer el mandato de Cristo de predicar en todas las naciones. ¡Qué vergüenza que mientras ellos están velando para que a ud le vaya bien en la vida, ud duerme la gran siesta espiritual! Ud y yo, obedecemos y financiamos los propósitos del diablo que quiere que no hablemos. Lo que está pasando con éste médico que se negó a abortar, es una reprimenda para que todos tengamos miedo.

Escuche mientras nosotros hagamos la voluntad de Dios, vamos a estar siempre protegidos por el Señor, acá o en la cárcel, dónde sea. La libertad es por dentro hermano, no es por fuera. La felicidad y el gozo que viene cuando nosotros servimos a Dios y sufrimos por Él, viene desde adentro y nos la da el Señor. No nos acobardemos, prediquemos a Cristo; honremos a Dios y seremos honrados por Él.

Amén.

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El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
2 Pedro 3:9 RVR1960

Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,
Romanos 13:11‭-‬13 RVR1960

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El Cielo (parte II) | Ecency