Querida niña, yo que vi crecer el vientre de tu madre, yo que te vi nacer.
Mírate eras tan frágil y pequeña, con un tono rojizo.
La verdad nunca antes había visto algo tan hermoso.
Quería ver tus ojos abrir, tenerte entre mis brazos fue algo maravilloso.
Sentir el calor de tu cuerpecito contra mi pecho fue reconfortante.
Poder estrujar tu carita con la mía era lo que quería desde que supe de ti.
Te amé sin conocerte, no lo pude evitar.
Porque supe que serias esa personita especial.
Cargada de inocencia, indefensa tu alma tan pura irradiaba seguridad.
Despertaste en mi un sentimiento único, solo quería protegerte.
Amarte y cuidarte, como un buen padre lo haría.
Aunque no lo fuera.
Aun puedo recordar esa primera vez.
Cuando con tu manito apretaste mi dedo y por fin me miraste con esos ojos.
Te convertiste en los míos.
Y aunque no seas mía, te siento propia.
Mi pequeña niña, mi dulce amor.
La razón de mi felicidad, tu me hiciste padre antes de serlo.
Siempre seras la luz de mis ojos, el sol de mis mañanas.
Dedicatoria: S V.