Y así aunque no éramos propios poco a poco nos fuimos entregando uno al otro, adoraba la forma en la que me veías en esos momentos, como curveabas tu espalda, mi mano en tu cintura y la tuya en mi nuca tomando con fuerza mi cabello (Recuerdo el sabor a fresas que tenían tus labios) y así nos envolvíamos en pasión y sentimiento con el placer de saber que éramos prohibidos pero que aun así podíamos pecar juntos.
El tiempo fue pasando y cada vez nos llevábamos mejor, pero cada día éramos más arriesgados un poco más atrevidos a la hora de encontrarnos, y los descuidos son malos y se tienen que pagar.
Recuerdo muy bien ese día nos encontramos como siempre, fuimos a hablar un poco y a bebernos una taza de café. Nuestras vidas estaban mejorando de alguna manera ya no nos sentíamos tan afligidos por nuestros problema ahora nos teníamos a nosotros para consolarnos y hacernos sentir mejor. Abrazarla por la espalda era uno de los más grandes placeres que tenía y ese día no pude contenerme así que la abrace y la bese, y justo en ese momento apareció un amigo de su pareja –Hola- Le dijo el, –Hola como estas- contesto ella mientras yo fingía que solo pasaba junto a ella, el siguió su camino y ahí ella entro en pánico.
Desde ese día todo cambio la sentía algo preocupada y un poco más distante, pues aunque el la maltrataba ella no estaba dispuesta a “perderlo” aunque en realidad ella no lo tenía a él, el la tenía a ella siempre para lo que el quisiera, ella aun lo amaba. Y como en nuestra relación no había espacio para sentimientos decidimos alejarnos debíamos seguir por caminos separados pues ella estaba dispuesta a recuperar su relación esa que para ella valía mucho.
Lo cierto es que desde que nos separamos no la he vuelto a ver sonreír como la hacía antes, si me ha tocado verla llorar de nuevo, incluso consolarla. No quiero verla sufrir, cuando la encuentro así solo puedo abrazarla fuerte y guardar silencio.
Espero que un dia puedas ser la misma de antes, esa niña cargada de felicidad y sueño por realizar.