Ana mi única hija, la que crié con valores y principios, pero fallé en algo, nunca le enseñe que es el amor, y lo cruel que puede ser un hombre.
Mi hija se enamoró perdidamente de Alex. Todos los días recibía llamadas, mensajes de texto, se veía feliz, y eso me alegro, nunca la había visto tan emocionada con un hombre. Cierto día me dijo que se iría a vivir con su novio. Yo lo acepté y le dije: si eso la hacía feliz le daba mi bendición.
Paso el tiempo y casi no la veía, sus compañeras de la universidad llamaban a casa preguntando por ella ya que no contestaba el celular. Eso me preocupó y decidí acercarme a su casa.
Al tocar la puerta mi hija me abrió, al verme rompió en llanto, no comprendía lo que pasaba, me hizo pasar a su casa nerviosa y cerró la puerta. Estaba muy delgada tenia muchos moretones, le pregunte que le había pasado, me dijo que se había caído que no era nada grave. Hablamos por un buen rato y decidí irme, comprendí que su novio no la había dejado de estudiar más.
Era casi una regla familiar asistir todos los días de la madre a mi casa, toda la familia estaba reunida, ella ya no tomaba y su vestimenta había cambiado, su primo Roberto la invito a bailar delante de su novio y ella bailo con él la toda la noche. Yo note la molestia de Alex, pero como estaba en mi casa se supo comportar, mi hija no quería irse, pero él se la llevó al finalizar la fiesta. Al día siguiente me llamo Alex alegando que mi hija se había caído y estaba en el hospital.
Al verla le pregunte que había pasado, y me contó todo, la había golpeado fuertemente y temía por su vida, una fuerte rabia se apodero de mi cuerpo, salí corriendo del hospital y fui a su casa, ahí estaba ese desgraciado con otra mujer en la misma cama donde dormía con mi hija.
Le di una fuerte golpiza delante de aquella mujer, ambos se encontraban desnudos, la mujer no dejaba de gritar y pedir ayuda, pero le dije que se marchara porque yo era su suegro y que había golpeado a mi hija, la mujer dejo de gritar agarro su ropa y salió de la casa.
Alex quedo inconsciente de la golpiza que la había dado, al despertar le dije: prefiero pagar años de cárcel antes de ver sufriendo a mi hija o ver que algún día me la mates a golpes..
Un disparo se escuchó en la habitación de aquella casa.
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