Apareció por primera vez y de manera oficial el día que cumplí 7 años; ese preciso día, murió trágicamente un reconocido comunicador social y líder político con el que ambas nos identificábamos (sí, a pesar de mi corta edad) ; le cedí espacio y se dio el permiso de escribir un manifiesto donde desahogaba nuestra pena y tristeza por lo sucedido, expresando la admiración que ambas sentíamos por ese hombre. Así como llegó y escribió, así se fue; dejándome con un cuaderno repleto de letras y sin tener a quien mostrar aquello...
Se quedó adormecida, quieta por algunos años, hasta que llegó la adolescencia, época turbulenta y de cuestionamientos constantes; como yo sabía que “ella” de seguro, sería capaz de transitarla mejor que yo sin salir herida; le abrí la puerta dándole la bienvenida nuevamente. Se sintió por un buen tiempo como“pez en el agua” siendo como quería ser y sin importarle lo que el mundo pensara. Fue una de sus mejores épocas y sin duda, haberle permitido salir había sido una decisión acertada: escribió sus primeros poemas y llevaba una bitácora o diario de "mi" vida adolescente.
Pero ya sentía la necesidad de exteriorizarse del todo, no a medias, no por fragmentos o por momentos, necesitaba estar presente perennemente; fue entonces cuando tomó la decisión de coexistir junto a mí. Pensamos entonces que merecía tener un nombre, una personalidad e identidad propia y así fue como, sin pensarlo mucho, dimos con el mejor de los nombres: OSCARINA, en honor a mi madre y por ende también la suya.
Hoy no es “ella” quien escribe esta historia; de haber sido así tendría otro sentido, otro enfoque, otras palabras y de seguro otro final. Solo por esta vez me he permitido hacer lo que le corresponde a ella por ley: escribir; y es que ella ha hecho de las letras, la lectura, su motivo de existencia y su pasión…
Era justo y necesario que conocieran su génesis, su historia, la historia de Oscarina: "La hilandera de versos y tejedora de historias". Mi alter ego...