Nunca había sido muy espiritual, ni le daba importancia a esos temas, pero ante este espectáculo de luz y color intuyó que debía liberarse de viejos pensamientos, de esa inmensa carga de pesares que llevaba a cuestas si quería continuar viviendo; debía perdonarse y perdonar, soltar los recuerdos dolorosos que enfermaban su alma. Ahora sabía que tenía un alma, que ante lo vivido la había ignorado, escondido y negado. Pero el estar allí en ese preciso momento, ante ese hermoso fenómeno no podía ser otra cosa que la señal de que podía continuar y cambiar su vida; esa que había malgastado y que quiso acabar tantas veces; pero debía decidir completamente segura de dejar atrás esas bajas pasiones, los vicios y apegos que la afligían y que tanto daño le habían causado a su cuerpo, mente y espíritu; debía cruzar dispuesta a despojarse de todo aquello, a purificarse, a cambiar por completo, a transformarse, a renacer...
Así que debía tomar una determinación definitiva, sin vuelta atrás; adentrarse en aquella lluvia púrpura, convencida de ser elegida para vivir una “nueva era” dejándose abrazar por aquella energía poderosa y amorosa que la invitaba a formar parte de una nueva “legión” o darse la vuelta, ignorando el llamado que se le había hecho y continuar su peregrinaje por senderos oscuros, esos que había estado transitando últimamente…
Relato inspirado en la imagen cortesía de @richjr