Me atrinchero en una vieja posada
y llegas azotando puertas
o te asomas por la ventana.
Aunque intento escaparme,
tú siempre me atrapas;
tristeza, quien pudiera
de tus garras zafarse.
Oscura es tu presencia,
me ensordece tu canto;
eres como hiel amarga
de pestilente fragancia.
De ti soy prisionera;
corazón acuartelado.
Yo queriendo librarme
mientras tú me torturas.
¡Qué infame locura!
¡Qué tormento, tristeza!
Tristeza, te lo imploro;
mira que no puedo más.
finge que por fin descansas,
por piedad ; déjame huir ya…