Cuanto he extrañado amigo tu presencia en casa, cuando solias visitarme y juntos conversavamos de nuestras añoranzas.
De las tremenduras de jovenes, de las mozas del liceo, de las que invitabamos a tomar helados en el recreo.
De los paseos al parque, de las salidas en bicicletas, de los diciembres, las patinetas, las misas de gallo, los aguinaldos y las parrandas.
Ahora que te has mudado, que a otro estado te has marchado, puedo entender mi amigo la falta que me has echo.
Quiero cerrar este pensamiento reseñando aquella tarde que nos juramos lealtad y ofrendar para siempre nuesta familiar amistad..
¡Un abrazo al amigo muerto!