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Perdiendo se gana

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Estaba avergonzado, aquella linda chica de cabellos claros y jugadas certeras, estaba a punto de derrotarme en un torneo de ajedrez que habían hecho en la plaza del pueblo y donde todos esperaban que resultara el vencedor.

Yo no la había visto nunca hasta ese día en que movió su peón blanco y comenzó el juego, sin dudas era forastera o se había mudado hace poco, cuando un grupo de personas irrumpió en el lugar asentándose a los alrededores y representando la primera inmigración al pueblo en toda su historia.

Unas jugadas más tardes, en una estrategia que me desconcertó por lo audaz y rápida, tomo mi reina, iniciando su ataque por los cuatro flancos y varias `piezas, haciendo uso maravilloso del caballo que se colaba entre los muros de peones que yo había colocado.

Luego de cuatro jaques seguidos no tuve opción para poner a salvo mi rey y me dio mate.

Ella sonreía triunfante y yo trataba de ser agradable en medio de un ciclón de sentimientos de frustración y asombro.

Yo era en ese entonces el campeón del pueblo, nadie me había derrotado hasta la llegada de aquella muchacha desconocida y bella.

Me hizo señas para que no dijera nada, de tal modo que nadie se enterara de la derrota, me tomó de la mano y en un banco de la plaza sin decir palabra alguna, ante mi asombro por la acción me besó.

Luego se perdió en la noche y no la volví a ver.

Hice esfuerzos sobrehumanos para tratar de localizarla pero nadie la conocía, como si hubiese sido un fantasma que apareció y se desvaneció.

Desde entonces nunca subestimo la inteligencia femenina y su capacidad de crear magia en los momentos más difíciles, cuando creemos que es imposible.

Esa noche aprendí que perdiendo también se gana y para completarles el cuento, fui declarado ganador ante el abandono de mi contrincante.

Perdiendo se gana | Ecency