Todas las tardes
aquel niño subía
desde el pie de monte andino,
hasta las más altas montañas,
para oír y contemplar el silencio
y belleza con que viste el ocaso.
Pasaban las horas, la noche cubría su manto,
de pronto sus ojos se humedecieron al mirar
como la tierra se interponía y aquella estrella
que era su norte se alejaba.
Cierto día me lo encontré… Sufría.
Su voz y su mirar lo delataban,
se detuvo y me dijo: Quizás el mundo
ría mientras yo estoy llorando.
¿Por qué lo cristalino y lo turbio?,
¿Por qué muere una rosa en primavera?
Era un niño ingenuo,
valiente que tan solo anhelaba
robarle musa a su tristeza, eres un lirio de río,
blanca cual ninguna, hecha con rayo de luna
y con gotas de rocío
¡Era un niño poeta!