El herrador
El alma del herrador
Guarda un secreto.
En el interior de la fragua
Bajo los golpes del martillo
Apareciendo de la nada
Salen de la sustancia
Las medidas del tiempo
Al pestañear de sus ojos.
Soles entrañables
Nacen al espíritu
Al intenso trabajo
Y sus movimientos
Esparcen entre las venas
El aliento del fuego.
El sudor del Dios decrece
Y descansa en la gran noche
Que transfigura todo
En negro, serrín y humo.