El dragón gira
en sí mismo
en la feria
se muerde la cola
en los recuerdos
de la infancia
que aún lacta.
Es de acero la ilusión
y de algodón el miedo.
Las manos van rogando
para que no se suelte
ni un hilo, ni un azar
que acabe el juego.
Las luces son los dulces
artificios de un carrusel
que evoca engendros
de tiempo, impalpables,
alrededor de lo infinito.