En medio de la tormenta, la diosa me ha hablado, ha dicho mi nombre tantas veces que me ha dejado en un sueño profundo, donde hay un abismo que replica su cuerpo en cada giro y me hace sentir un clímax que no acaba, luego me hace viajar a un mar hecho de su piel blanca donde me sumerjo y me ahogo a cada instante.
Mi sangre se confunde con las ganas de seguir cayendo en esta pequeña muerte voluntaria, el aroma de su piel me inunda mientras extrae la esencia de mi vida y siento que muero y resucito en cada vaivén de sus caderas, primero lento como midiendo la distancia entre los cuerpos que se acercan, y luego rápido, con una anhelo que parece una ansiedad contenida por muchos años.
Al fin puedo respirar de nuevo, y puedo reconocer su silueta en la penumbra, no he perdido el sentido aún, pero aún me siento dentro de ella, sus manos en mis piernas adormecidas, puedo ver muy claro el cabello de la parte superior de su cabeza, cuando siento que muero nuevamente y esta vez parece que es para siempre, mis manos tiemblan, mi cuerpo convulsiona y de pronto, estoy soñando…
Al otro día por la mañana todo parece tranquilo, el cielo esta claro, como después de una tormenta, huele a huevos con tocino y hay también jugo de naranja, pan tostado y el matutino en la cabecera… del otro lado de la mesa, sus hermosos ojos me observan.
Historia y Arte
@nocturnus