–Estoy harto.
Lo dijo hace unos días y preferí no darle importancia. Pensé que era otra de sus recaídas, como cuando intentó suicidarse y tuve que esconder cuanta soga, cuchillo o pastilla encontrase en la casa.
–Es…toy harto.
Aunque la entonación es la misma de aquella vez, ahora hay algo diferente. Siento que encierra un poco de verdad en su voz.
–¡No te quiero!
Suena fuerte, seco. No hay manera de que pueda ser cierto. He sido de la mejor manera posible. Cuando lo encontré estaba tirado en la acera, borracho, barbudo, sucio. Lo ayudé a salir del alcohol, lo bañé y rasuré. Hasta le di un nombre. Dejó de ser nadie, llegó a aceptar que yo era el hombre de su vida, que sin mí no tendría sentido su existencia. Se hizo grande, muy grande. Hasta que no cupo más la casa y comenzó a sentirse incómodo. La emprendió con decir que lo presionaba, comenzó a dejarse crecer la barba. Un día llegó borracho, ofendiéndome, diciendo que ya no le gustaba, que preferiría volver a la calle antes que quedarse conmigo.
–Estás echa una vieja fea, una vieja puta y fea –Suelta una carcajada sonora y escupe con un mohín de asco y su barba crece, crece, crece–.
Pensé eran los efectos de la bebida y que pronto se le pasaría. Nos acostaríamos y al otro día no recordaría nada, solo la resaca. Pero no, su barba sigue creciendo y ahora también lo hace su cabello. Dejó de usar zapatos y la mugre se le acumula en las uñas, parece un pordiosero, un tipo desagradable como los que aparecen en cualquier esquina bañados en su propia orina.
–No te quiero.
–¿Por qué?
–Porque no te quiero y punto, me voy pal’ carajo de aquí.
–No lo hagas, no vuelvas a la calle por favor.
–Me voy ya no te soporto, te vas a morir solo so maricón.
Esa frase. Nunca la había dicho, siempre sospeché que algún día se atrevería. Maricón. Duele. Maricón. Repite. Maricón. Grito, lloro, le imploro.
–¡Ya basta!
–Tú di lo que quieras pero no te vayas. No te vayas. ¡Qué no se vaya cojones!
La barba casi toca el suelo, los dientes amarillos tan repulsivos hacen una mueca de satisfacción. Su rostro se cubre de mugre, le comienzan a salir manchas en la piel. El aliento a alcohol apresura el desvanecimiento del reflejo en mi espejo.
Relato: @noakmilo (inédito)
Fotografía: Med Ahabchane en Pixabay
Este relato mereció junto a otros la beca de creación Onelio Jorge Carsodo en 2016.
Otros textos en: @noakmilo