Cuando era niño, mi abuela me llevaba a la iglesia. Aquella era una parroquia de pueblo, pero tenía como alma de catedral. En mi iglesia de la infancia había grandes pinturas y esculturas de los santos patronos. Las imágenes parecían tomar vida y yo niño inocente y devoto no quitaba la vista de ellas.
Ya de adulto escribí:
Viernes Santo
Lanzo letanías
¿Alguien me escucha?
La campana repica
tañe el bronce contra el bronce
No hay nadie en la capilla
solo yo con las imágenes
Los santos lloran
¿Qué hago mi Dios?
Mi madre comienza a pensar
que me estoy volviendo loco
y no la culpo
Cristo se abalanza sobre mí
lo veo caer de la cruz
y la cruz se precipita detrás de él
Es tu raíz me dicen
no está bien profunda tu raíz
Sigo rezando
Perdona nuestras ofensas
Me sudan las manos
el sudor tiene un olor repugnante
y me marea
Estoy sangrando por las manos
María me alcanza un pañuelo
está mi imagen impresa
como un bordado en la mortaja
Mi madre estuvo llorando ayer.
Poema Viernes Santo del cuaderno #Laminarios, Ediciones La Luz, 2019
Autor: @noakmilo
Portada: Parroquia San Fulgencio, Gibara
Gracias a @celf.magazine,
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@freewritehouse por acoger siempre mi poesía.