V. El Rocanrol de los idiotas
Ella estaba allí, no era parte de un sueño, revolvía lentamente la espuma del café, pero su mirada vagaba entre los cuadros de las paredes. A Christian casi no le importa la lluvia que se precipita sobre él, la imagen basta para no poder pensar en otra cosa. Estaba asistiendo a una de las pasiones más grandes de Luna, así, sin decírselo aún, compartían el gusto por las artes plásticas, y sobre todo por la obra de Cosme, él lo veneraba de muchas maneras, en la poesía, hasta en sus propios intentos de adentrarse en el mundo de los colores.
Christian observa como la muchacha toma la taza y se la lleva a los labios, en un acto tan dulce que teme interrumpirlo con su presencia, ella devuelve la taza al mantel e instintivamente mira hacia él, sus ojos abiertos por el asombro lo reconocen, comienzan a coloreárseles los pómulos y él da el primer paso en el interior del local, temeroso, pero decidido. Sabina canta levemente con su voz ronca.
… cuando el alma necesita, un cuerpo que acariciar…
–Los dioses estarán escuchando ahora mismo si te decidieras a hablar –Luna frunce el ceño como confundida–
–Disculpa… ¿qué me dices?
–Los dioses, por Cosme –Christian le señala con la mirada los cuadros–, ellos estarían encantados de escucharte, disculpa…creo que es un mal chiste.
–No, no, me encanta la obra de Cosme, pero no te entendía –Luna no puede dejar de sonrojarse, pero lo mira directamente a los ojos, aunque la voz le tiembla un poco–
– ¿Puedo sentarme? –Ella asiente un poco nerviosa –
–Soy Christian, esta mañana te vi en el bus –le extiende la mano todavía mojada y ella la acepta– no quiero que pienses que soy un acosador o algo por el estilo, es una larga historia. Perdón si tengo las manos frías, esta tarde se empecinó en llover.
–Un placer, me llamo Luna, y sí, también te recuerdo, creo que ibas un poco incómodo entre tanta gente–
–Sí, fue un poco complicado –sonríe e intenta disimular para que ella no repare en que le tiembla todo, hasta la barbilla–.
– ¿Tienes frío?
–Un poco, debe ser por la lluvia
–Sí debe ser–
Los dos quedan en silencio, Luna se siente un poco nerviosa por la manera en que Christian la mira, él lo observa todo con sus ojos negros, los posa intensamente sobre los de ella. No es incómodo, no le molesta, ella también adivina sus pensamientos, disfruta hacerlo.
–Es el café más bonito que he visto en mi vida...
–Es cappuccino, café, leche y algo de canela– dice disimulando.
–No, son...
–Mis ojos, jajaja ¿crees que no capto las indirectas?
–Jajaja, claro, eres muy lista.
Luna sonríe y toma un sorbo de la taza– ¿Vas a tomar algo?, anda yo te invito.
–Me tomaría un cappuccino también, pero con esta humedad, creo que necesito algo más fuerte, que sea un expreso.
–Un expreso doble por favor –le solicita al camarero– ¿doble está bien?
–Sí, por favor. Este sitio parece estupendo, he venido un par de veces, pero no mucho.
–Yo vengo bastante seguido, me encanta el ambiente y la música que ponen.
– ¿Ah sí, te gusta Sabina?, lo digo porque es lo que estaba puesto ahora mismo.
–Sabina me encanta, él es parte inseparable de mi vida, ha estado en las malas y en las peores.
– ¿Y en la buenas?
–No es que no las haya tenido, pero su música por lo general no habla precisamente de la felicidad, y si a ti también te gusta, sabrás a lo que me refiero.
–Claro, sus canciones tienen eso que él odia en las relaciones pero que al final todos buscamos, aunque él simplemente lo niega todo, jajaja.
– ¡Exacto! Entonces puedo suponer que a ti también te gusta...
–No quiero parecer tópico, pero creo que tanto como a ti, Luna.
Es la primera vez que él menciona su nombre, en los dos el efecto es inmediato, como una descarga. Christian agradece al camarero el café, añade dos cucharadas de azúcar y toma un sorbo casi hirviendo.
–Vas a quemarte, eso está súper caliente –dice Luna preocupada–
–Jajaja, sí, ya no sé lo que hago. Bueno y dime… ¿a qué se dedica Luna cuando no anda socorriendo a pobres hipotérmicos en los cafés de esta ciudad?
–Trabajo en un departamento económico, un poco agobiada a veces entre números e informes y no precisamente es lo que estudié ni mucho menos lo que me gusta, pero bueno, ya respondí tu pregunta…ahora es mi turno. ¿A qué se dedica Christian cuando no anda retando a la gripe bajo la lluvia por las calles de la ciudad?
–Soy escritor, escribo poesía y pinto de vez en cuando, pero como de las pasiones no se vive, trabajo también en una empresa.
–Qué interesante, me gusta la literatura y adoro la plástica, ¿pero sólo escribes poesía?, no tengo nada en contra, pero a veces suele ser muy densa, ¿No te gusta la narrativa? ¿las novelas?
–No creo que la inspiración me dé para eso, mi musa se especializó en la poesía, es muy tímida para otras cosas.
–A lo mejor deberías cambiar de musa– dice Luna dejándose llevar por lo que está sintiendo, le está gustando mucho esta charla con el muchacho de la mirada triste en el bus, es lo mejor que le ha pasado en un buen tiempo.
-¿Ah sí? ¿Querrías tomar el puesto tú? – le responde Christian con cierta picardía.
– ¿Yo?, no creo que tenga madera de musa
–Pues, si vas a mirarme siempre con esos ojos, podría escribir un bestseller...
Luna vuelve a sonrojarse, se da cuenta que ya llevan un buen rato charlando y le molesta que el camarero a veces le echa una mirada de insinuación, le causa gracia que hace menos de una hora Lisandra y ella lo estaban observando de otra forma y que ahora casi le irrita que sea él quien la mire como queriendo interrumpir. Vuelve a los ojos de Christian que no se han movido de su atención.
–Debería irme ya, llevo un rato acá antes que llegaras y creo que también nos están mirando con mala cara.
– ¿Podría acompañarte?, pero está lloviendo aún, cómo vamos a salir de aquí?- Christian pregunta un poco intrigado por saber si Luna estará pensando lo mismo que él.
–Bueno, a mí me gusta mucho la lluvia y hace mucho que no me baño en un aguacero...
–Jajaja, justo estaba pensando en eso, a mí me encanta la idea y además ya estoy mojado, déjame pagar y nos vamos.
–No, de eso nada, yo te invité, no te pongas machista ahora–Luna le dirige otra mirada pícara a Christian, le gusta mucho retarlo. Christian sonríe y niega con la cabeza – Vale, al próximo café invito yo–
Luna deja algo de dinero sobre el platillo de su taza y toma la mano de Christian como quien toma a un niño y le invita a jugar. Salen los dos a la calle bajo la lluvia. En el café vuelve a sonar Sabina en el playlist, esta vez una canción que parecería un himno en ese momento, era justamente la ideal.
…Yo no tenía ganas de reír
tú reías para no llorar
Yo le guiñaba un ojo a mi nariz
tú consolabas a tu soledad…
La lluvia no es muy fuerte, Luna se ríe de toda esa locura de salir corriendo del café y se cruza de brazos a causa del frío. Christian le toma la mano y la acerca a él, ella siente el calor del otro cuerpo, es como si no le afectara el frío, siente el corazón de Christian palpitar muy fuerte, aunque no está segura si es de él o es su propio corazón que se le quiere salir, ella alza la mirada, ahí están esos ojos negros queriendo tragársela y el aliento cálido que él expira...
...pero quiso el cielo bautizar el suelo
con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena de muñeca rota
y tú mirada azul me dijo a cara o cruz...
Ella sostiene el aliento y atina a preguntar:
– ¿me vas a decir cómo fue que me encontraste esta tarde?
–Tengo... tenemos a alguien en común que me ha salvado la vida...
– ¿y qué le dirás después de esta noche?–le dice Luna sosteniendo la mirada.
–Pues... que solo me arrepiento de no haber tenido el valor de besarte hoy...
Luna no sabe qué hacer, Christian está abrazándola pero no se mueve, permanece mirándola y sus labios dudan... ella sin embargo se acerca más, no por voluntad propia, el calor, los labios de Christian luchando por dar el paso, los suyos mordiéndose... cierra los ojos y una mano cálida le sostiene el rostro, entonces se hace la magia y los labios se juntan en un beso cálido, en un incendio.
La lluvia arrecia, sobre ellos pero nada importa ahora.
...locos por naufragar, salieron a bailar al ritmo de la lluvia sobre las capotas El rocanrol de los idiotas…
Este es el penúltimo capítulo de #QueSeLlamaSoledad una mininovela que escribí en 2018, casi hemos terminado, gracias por aguantarme jajaja.
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