Tenían un niño (Pedro) y una niña (Paulina), quienes acudían a una escuela cerca de la casa.
Cada vez la situación era más difícil y la economía empeoraba, pero nunca se dieron por vencidos, siguieron haciendo lo posible para cubrir los gastos, hasta que un día la madre al encontrarse con algunas lechozas, decidió hacer un dulce que vio en televisión. Luego le dió a los niños, ellos compartieron con sus amiguitos y como era tan rico todos querían comprar para probar también y es así como lograron emprender su negocio y salir adelante.
En honor a esto, Pedro tomó sus pinturas e hizo un cuadro para su madre con una hermosa lechoza que les recuerda siempre el milagrito que los ayudó en medio de la tormenta
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