Sebastián se salva por su agilidad de esconderse en las cuevas, al ver que se encontraba solo tomó otro rumbo, caminaba y caminaba… pasó mucha hambre porque tenía miedo de salir a comer, se estaba deshidratando, que ni lágrimas tenía de tanta tristeza de recordar a sus seres queridos.
Cada día que pasaba le pedía a Dios que le diera la felicidad de encontrar una cangreja para hacer su familia, tener que comer y agradecer todas las bendiciones que le pudiera dar.
De tanto recorrer Llegó a una playa llamada Zorritos donde encontró comida sin tener temor a que lo atraparan, tanto era su asombro que se puso a rebozarse en la arena se puso más rojo del Sol que llevó. Reía y lloraba de alegría por tener donde vivir.
Se fue a la cueva que ya tenía vista, caminaba para irse a reposar cuando de pronto ve una hermosa cangreja que tiene por nombre Sophia, corrió hasta ella sin pensarlo.
Sophia cuando lo vio quiso escapar, pero Sebastián muy caballerosamente le dijo – ¡No temas! –¡Soy amigo!. La cangreja se sonrió y se puso más roja de lo que era.
Sebastián le dijo – Nos parecemos - ¿De dónde eres? – Sophia le respondió: -Me escape de mi padre, él quería casarme con un cangrejo que no quería.
Ellos se hicieron amigos, cazaban juntos, dormían en la misma cueva. Cuando llegaba la luz del día jugaban sin temor alguno en la arena.
Hasta que un día jugando en la playa Sophia tropezó con una inmensa piedra que se rompió la pata, comenzó a gritar hasta que Sebastián llego de inmediato para curarla. La cangreja en agradecimiento lo besó que el cangrejo quedó tartamudo y colorado.
Sebastián al pasarle la pena, le dijo a Sophia – ¿Quieres ser mi esposa?- Ella le respondió:– ¡Si quiero!.
Saltaron de emoción. Al llegar la noche en plena Luna se casaron, hicieron una familia que tanto anheló Sebastián para vivir felices y llenos de amor para toda la vida.
Fuente: Las fotografías son tomadas de mi cámara canon en un viaje al Perú.