Cuando éramos pequeños le temíamos a la oscuridad, porque ahí es donde habitaban los monstruos. Pero ahí no es donde viven. La verdadera oscuridad, libera a los monstruos que viven en cada uno de nosotros…y ellos no están vestidos con colmillos o garras, sino con un velo de desesperación y locura. Con eso nos cubren.
Yo he visto la verdadera oscuridad, y es despiadada. No siente compasión por nadie. No tiene que atacar, solo, persistir. Silenciosa, nublando todos los sentidos. Esperando, hasta que nos quiebra. Penetra en nuestras mentes, aislando, limitando.
Preferiría pelear con las criaturas de mis pesadillas que someterme a la verdadera oscuridad. Porque ella sabe cómo dejarnos indefensos, sin recursos. Los cortes y las rasgaduras pueden curarse… pero temo por nunca recuperar mi mente.
Aun así, conservo mis fuerzas, la oscuridad lo ha intentado varias veces ya, y ha ha fracasado. No sé cuánto más durará esta batalla, pero sobrevivir a ella, será una hazaña que cantarán por las siguientes generaciones, y eso, esa determinación por ver la luz, es lo que mantiene mi mente a salvo.
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