Para mí, todo empezó en un columpio. Para muchos otros, empezó con una bola de fuego que cayó del cielo.
Mamá dijo que regresara antes del atardecer, pero no le hice caso, me gustaba ver al sol ocultarse en el horizonte, y me gustaba mucho estar sentada en aquel columpio que yo misma había construido bajo ese árbol, con una llanta deshecha y una cuerda. Solo yo, respirando el aire fresco de la colina, con la vista del pueblo. Imaginaba a todas las personas caminando por las calles, haciendo sus cosas… Me decía a mí misma que si existía un Dios, así debía de observarnos.
Si le hubiera hecho caso a mamá, habría muerto como ella.
Lo testifiqué todo desde aquel columpio, para mí allí empezó.
El cielo era naranja y amarillo, con algunos retazos de violeta. Los colores del atardecer eran más intensos aquel día. El sol ya había comenzado a ocultarse, y lo estaba haciendo rápido. Me pregunto…, ¿habrá sabido lo que iba a suceder? Quizá esa gran estrella es ese Dios del que tanto se habla, y como no podía hacer nada al respecto cuando el cielo comenzó a caer, se escondió más rápido.
Del cielo descendió una enorme estructura hecha por el hombre, de varias toneladas de peso, ardiendo a más de cinco mil grados, y cayendo a cientos de kilómetros en una trayectoria recta. Junto a esta bola de fuego otras más pequeñas descendieron. Todas se estrellaron en mi pueblo, acabando con la vida de miles de personas en segundos, acabando con mi familia en un respiro.
Y yo…yo fui lanzada por los aires por la onda expansiva. Tragué tanta tierra y polvo que pensé que me ahogaría.
Sobreviví, pero nunca sería la misma.
De hecho, el mundo no lo sería. Ese día toda la Humanidad se quedó ciega y muda. Sin comunicaciones, ni señales. Todos los satélites y estaciones espaciales cayeron como una nube de meteoritos.
Los más creativos pensarían que estábamos siendo invadidos por fuerzas fuera de nuestro planeta. Pero la realidad es mucho más cruda que eso, nosotros mismos nos hicimos esto.
Yo solo desearía volver a ese columpio, donde mi vida era más simple, y podía observar al dios-sol ocultarse hasta el día siguiente.