Fuente Se le añadió la letra con un programa de edición.
En un cielo azul, parcialmente nublado, los rayos se asoman entre las nubes con picardía. Todo reflejaba una aparente tranquilidad. Allí estaba Rodolfo V, visualizando su pueblo, con toda tranquilidad de un buen rey y la fortaleza de un prestigioso líder. Su mirada se perdía en el horizonte; sierra paulatinamente sus ojos, y los abre, en eso se voltea, detrás se hallaba una puerta, labrada con tal perfección y buen gusto, por uno de los mejores artistas que posee en su reino. Su mirada se desvía en el horizonte, un leve escalofrío visita su estremecido cuerpo y nuevamente voltea, algo lo inquietaba. ¿Qué? ¿Qué algo lo inquietaba? ¿Cómo es posible? El rey más hábil y astuto, el cual ha triunfado en tantas guerras como se le han presentado, el cual no le asusta la crisis ni la escasez, porque siempre una solución presenta entre manos. Respira profundamente y exhala. Con paso decidido, entra en la habitación que se haya detrás de la puerta.
Allí se encontraba su esposa, tan dulce y hermosa, como siempre. Un terrible cansancio y fría transpiración la azotaban como cualquier síntoma antes de un parto. Agarra su mano y la besa con delicadeza, ella lo mira compasiva, con aquella mirada llena de dulzura y esperanzadora que siempre aliviaba su alma ante cualquier penuria. Una punzada de dolor la obliga a soltar un alarido frágil y agudo, Diego se estremece. El rey acaricia su oscura cabellera mientras abraza con mucho cuidado a su esposa que lo recibe muy complacida. Sin duda este parto sería el más doloroso que haya tenido. Ninguno de los anteriores le había traído tantos problemas, el de Diego, de siete años, que con una mirada de poca confianza y a la vez de confusión, miraba a su madre, y el de Leanther, de dos años, que miraba fijamente, con el entrecejo fruncido un pequeño reloj de cuerda, que en ese momento se hallaba en el suelo. Perdido en sí mismo, contemplando todavía la puerta abierta tras la repentina entrada del rey, estaba Lester, quien no era de la sangre real, un huérfano de cinco años, adoptado por la familia.
El silencio embargó la habitación, bajo un ámbito inquietante y melancólico: el rey pasaba por la gran felicidad de un padre en espera de un hijo, pero algo lo inquietaba, algo no andaba bien... Los guardias están todos en sus puestos, armados de pies a cabeza, eran los mejores del occidente, sin mencionar que el jefe de las tropas era su padre, Xardas, el legendario guerrero al que su simple nombre era temido.
Entra una sirviente, con un trapo y una cubeta llena de agua, se pone en cuclillas al lado de la reina, mete el trapo y luego de escurrirlo lo coloca en su frente. La reina cierra sus ojos como señal de alivio, aprieta la mano de su rey, quien no dejaba de temblar. Si, ella lo sabía.
Le acaricia el rostro que no dejaba de vislumbrar su incertidumbre, pero antes de decir algo, la puerta sonó. Alguien tocaba, una voz áspera atravesó la puerta solicitando la atención del rey. Éste identificando tal voz, ignora su pedido. Esta vez toca más fuerte, hasta tal punto de que la puerta se abre de par en par, dejando ver a un hombre alto, corpulento, de largos cabellos rubios, quien comenzó a hacerle señas. El rey puso los ojos en blanco, besó a su amada, se levantó a regañadientes y a discretas zancadas, fue hacia la puerta.
No era ni más ni menos que el conde Roderico, su hermano menor, era imposible saber que se traería entre manos. Sus intenciones siempre han sido un misterio para su hermano, había rumores que lo celaba y que ha intentado por varios medios despojarlo de su trono, otros dicen que escondía magia negra secretamente, en general, el no causaba confianza en los seguidores del rey. ¿Que lo traía a estos aposentos?
-¿Qué necesitáis? - preguntó mientras cerraba la puerta.
-Su Alteza, os pido que razone, el ejército sigue esperando, sin respuesta, la gente no ha salido en días, y ni una sola señal se ha visto. ¿a cuánto tiempo más seguiremos así?
-a cuanto sea necesario, conde Roderico.
-ya os he dicho, señor, ellos se enteraron, pero no tienen noticia alguna de nuestra ubicación, buscaran en vano, eso le aseguro, la verdad, no me parece muy bueno el plan del capitán Send, señor, me parece muy ventajoso llegar a Milterrain y apoderarnos de él, la fortaleza de nuestro pueblo es superior al de este.
-Sí pero más penetrable, sabe algo, no me gusta, y bien que sabéis, que cuestione las estrategias de mi leal capitán, sabe muy bien lo que hace.
-sí, mi Alteza, pero ¿y si nos ha traído a la boca del lobo? Quién sabe. Mis colegas me dicen que él fue quien informó a los magos oscuros, ¿aun confiáis en sus palabras? Últimamente no se le ha visto, su comportamiento ha cambiado mucho desde la última vez que nos atacaron, señor, ya no es el mismo, yo sospecho...
-¡sospecho!, ¡creo! ¡Bah! - lo interrumpe el rey con rabia- puros presentimientos, si él me hubiese querido matar, ya lo hubiera hecho.
Volteó su mirada, estaba harto de aquella discusión, y en aquel momento, era lo que menos quería, observó cómo sus manos, en forma de puños, apretaban con fuerza, en un intento de controlar la ira.
-yo insisto, señor, deberéis calmaos, la ciudad está bien escondida o tal vez, hasta puede que sea una trampa para atacarnos luego cuando estemos desprevenidos.
-¿tal vez? ¡Como osa a decir tal cosa!, Somos la última esperanza, somos el último reino completo que queda... El destino de nuestra raza depende de nosotros, si caemos ya todo habrá acabado... - inhala y exhala con dificultad, tan sólo pensar en el peso que tiene a sus espaldas le eriza la piel - Tarde o temprano nos buscarían, eso lo sé, pero al no saber de nuestro paradero, al menos momentáneamente, la ciudad señuelo nos dará la suficiente información acerca de su ejército - quedó pensativo durante un momento, Roderico le echa una mirada impaciente - lo que me extraña aun es que luego de tanto tiempo de haberla enviado, aún no han atacado a nuestra ciudad natal - su hermano baja la cabeza y se aleja, pero en tres pasos lo alcanza.
-¿Por qué no dices nada?- el rey se deja a espaldas de su hermano, pero observa su rostro a través de la armadura contra la pared- acaso... - pero no pudo terminar, saca su espada, pero Roderico ya se le había adelantado, tras un golpe seco lo estampa contra el suelo, dejándolo vulnerable, esquivando la espada tía al suelo a su hermano con una patada y logra agarrar su espada, mientras ambos se batían en el suelo, bajo una oportunidad que si bien dejaba escapar, perdería, lanzó la espada contra la pared haciendo que una antorcha cayera sobre el otro, mientras este gritaba dolorosamente, le entierra la espada, cayéndose así, con la última sonrisa maligna que daría - siempre supe que sois un traidor - dice mientras guarda su espada, un temblor, alarmó todos sus sentidos, fue corriendo hasta el cuarto de su esposa pero una mano lo detuvo, era el Capitán Send, un hombre de brillante astucia, su leal consejero y un guerrero sin igual, uno de los más importantes hombres de las tropas y de la realeza, a pesar de su carente sentido visual.
señor, han llegado – su voz es rígida e impactante.
-Como habéis predicho, capitán, mi hermano terminó siendo un traidor.
-Siempre lo ha sido Alteza, pero ahora me preocupan otras cosas, los magos nos azotan desde las afueras, las llamas queman nuestra muralla y prenden mil gritos desesperados, ellos intentan hacer un tratado, pero para ello se necesita de vuestra presencia, señor, y con vuestro permiso, utilizar eso para hacer tiempo - El rey sospechaba a que fin iba esa conversación, cosa que no lo convencía.
-Alteza, os imploro prisa, la muralla ya no resistirá más, y el tiempo es un tesoro muy preciado en este momento - estaba histérico, las piezas del juego se voltearon repentinamente, no había escapatoria, aunque en algún lado de su mente había una pequeña luz que lo reconfortaba... Su esposa e hijos podrían sobrevivir, sin importar lo que pasase, el estaría con ellos y los salvaría, pero por ahora, debía atender las exigencias de su cargo, la salvación del pueblo. Sin más remedio, lo siguió.
Mientras dejaba la acrópolis de aquel castro, se entraba en las calles que pasaban por pequeñas casas de los ciudadanos, la gente gritaba y huía horrorizada, sus pasos eran rápidos e indecisos. Mientras iban en camino a la fortaleza, el rey no pudo ignorar las terribles cicatrices y lo maltratado que estaba el cuerpo de su guía.
-Capitán Send, ¿en dónde ha estado? No lo he visto desde hace tiempo.
-Tuve un inconveniente con el General Roderico, fue gracias al hijo de la joven Isabel porque pude escapar, pero ya era demasiado tarde, ya venían en camino.
-¿y la señora se encuentra bien? - dice el rey un tanto avergonzado por la mala conducta de su hermano.
-si se encuentra bien, pero me ha avisado que nuestro castro ha sido invadido de todas maneras, los magos esperan que volvamos para darnos lo que sería un remate, y si, ella también ha incluido a sus hijos en el plan, porque han dominado nuestras tierras señor, lamento informarle, pero varios se han salvado y se han encaminado a otras tierras cercanas - el rey baja la cabeza, todo estaba perdido, su pueblo había sido devastado, y estaban a punto de ellos también serlo.
En lo más cercano a la muralla, por un fuerte impacto hizo perder gran parte de su cobertura de piedras macizas, todo estaba bajo una contundente sabana de llamas, que destruía todo a su paso, su calor emanaba una combustión amenazante y mortal. A medida que se iban acercando, iba apareciendo, paulatinamente, los soldados que defendían su territorio y alejaban a la gente rezagada. Send con una seña llama a unos soldados que había en su alrededor, estos la captan rápidamente y en eso uno sonó un cuerno de caza, cuyo sonido se proyectó por los aires frenando así la emboscada.
Los magos dejaron de atacar. Una resplandeciente luz se asomó a lo alto de la muralla, signo que, para ellos, significaba la realización de un tratado. El rey desconfiaba ante ese repentino acto de educación, pero Send ya se le había adelantado, se había ido a llevar a cabo su estratégico plan.
Respiró hondo y junto a seis soldados, salieron por medio de una abertura que habían abierto en la gran, casi destruida pero aun estable, puerta que daba al exterior del castro cuya muralla se desplomaba a su alrededor.
Para su horror, no eran seis magos los que se encontraban del otro lado, sino, decenas de ellos, de inquietantes miradas y facciones severas que despedían sus caras llenas de cicatrices y, algunos que otros, carentes de órganos externos.
Entre la primera fila sale un mago, de inmenso tamaño, calvo, se le podía ver una cicatriz profunda donde se asomaba el cráneo. Grande, fornido, de un aspecto aterrador, en sus ojos se distinguía el vacío de un cuerpo sin alma, sin ningún rastro humano, inspiraba temor a los acompañantes del rey, pero éste, con la vista en alto, aunque le llevara al menos tres cabezas, sin retroceder, lo miraba desafiante.
-Ser insignificante, hemos venido por algo que vos tenéis - ¿algo? ¿qué es lo que podrían tener que no tengan ellos?- os habéis resistido un largo momento, pero sabéis que podemos dar más, queda a vuestro libre albedrío, sabéis que pueden escapar mas no esconderse -su voz era tan grave que no parecía humana, en su rostro no había ni un dejo de emociones- Tarde o temprano se acabará su juego, mi propuesta es fácil, dejadme al niño, y os dejaremos en paz, sino, destrucción, muerte e infortunio es lo que habrá - Su mirada seca y sin vida posaban sobre un desconcertado pero abatido rey, ¿niño? ¿a qué se refería? acaso ellos sabían...
Su teoría la cual le tomó varias semanas en hacer dio al fin su respuesta, pero la que menos esperaba, aquel niño que poseía su esposa acaso era al que llamaban “el Segundo Mesías”
No, jamás se los dejaría, porque él, sus hermanos y su esposa se salvarían, y así Send lo predijo, pero acaso... ¿Su hermano sabía? Tantas interrogantes en tan poco tiempo colmaron su mente, pero a la primera emoción que respondió fue a la ira. Lo observó con odio. Ya no tenía escapatoria, se habían agotado los caminos, ya había tomado una decisión, fuese cual fuese su decisión, ya no volvería. Milterrain seria destruida, su pueblo fue azotado, y al niño, jamás lo dejaría en manos de un ser que ni siquiera se merece llamarlo humano.
Velozmente saca su espada y la lanza con toda su furia al mago, pero este, aún más hábil, lo contrarresta, antes del ataque impredecible, el rey ordena por última vez que cerraran las puertas.
En un lugar clandestino, oculto en la acrópolis del castro, un portal mágico se había abierto. Send, junto a la duquesa Isabel con sus tres hijos: Trec de diecisiete, Grey de doce, y la encantadora Mashley de ocho años, cargaba entre sus brazos unos mantos enrollados y a sus lados los jóvenes hijos del rey, esperaban a que el portal estuviese terminado, como lo habían planeado, Lázaru y Beltran, fieles amigos del capitán send, los estarían esperando.
-¿Send seguros de lo que hacéis? Son muy pequeños.
-Isa... no hay opción - Un temblor de gran magnitud sacudió la pequeña habitación, se acercaban. Send recibió la espada encantada que le entregó Lázaru, sin pensarlo, se la dio a Diego.
-cuidadla, sabéis que siempre estaremos con vosotros - dijo Send observándolos a ambos, Isabel le dio un beso en la cabeza y sin una palabra más lo incorporó junto a Lester al portal donde ambos desaparecieron sin dejar rastro.
Beltran le da una brújula la cual ata a las vestiduras del pequeño Leanther quien, con los ojos como platos, absorto, observaba la nada.
-siempre tengáis el valor - Send acarició su cabellera y lo metió en el portal.
-Send y el pequeño, no me habéis dado nada - dice la voz temblorosa de Lázaru. Enseguida Send saca dentro de su armadura una cadena con un dije, ovalado, de rebuscadas siluetas metálicas, se aglomeran en un baile de figuras en las que se observa unos cristales divinos que no parecen de este mundo. Beltran suspira desoladamente.
-Ella no ha venido- Send no contestó, se limitó a darle la joya, Beltran le echó agua bendita y en susurros realizo una oración.
En sus brazos, entre los mantos que con mucha delicadeza separaba, se hallaba el recién nacido, quien estaba parcialmente dormido. Su ternura y gracia trajo un aire conmovedor ante aquel panorama lleno de miedo e inquietud. Le puso la cadena con mucho cuidado y con paso decidido lo metió en el portal.
-niña, de tan grandes poderes, sé que tu voluntad y destreza te ayudarán a abrir tus caminos, dulce criatura de un destino lleno de oscuridad, hija de Violet, por vos y vuestra madre, juro cuidarte pase lo que pase, hasta mi último aliento será para tu felicidad, KASSEY-
Una intensa luz la embargó, en el aire, una fuerza invisible la mantenía contra la gravedad succionándola de las manos ásperas pero seguras de Send, llevándola a una dimensión donde el tiempo es el espacio y que transcurría a gran velocidad, su llanto era en vano pues ya nadie la observaba, en un silencio sepulcral donde los años y los siglos pasaban a millón.
El mareo cesa, la inevitable sensación de que la estaban observando se hizo cada vez más clara, su cuerpo siente nuevamente la fuerza de gravedad, la incomodidad desaparece, su llanto se vuelve más audible y se transforma en un eco irreconocible. Expuesta ante aquel mundo extraño, lleno de misterios y sorpresas que le aguardaran, hasta quizás, desafíos, un destino oscuro, y aun, sin saber quién era, hoy es el día del primer paso hacia el fruto de una profecía que, según dicen, se hará realidad.
¡Steemians! Estaré publicando la continuación del libro cada tanto, estaré complacida de leer sus opiniones y espero que les guste. Cualquier opinión o crítica constructiva es bienvenida. ¡Espero que pasen un buen día!
Aquí les dejo la introducción por si no la han leído.