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SOBRE EL PAN Y LA LECTURA
En su magistral ensayo Medio pan y un libro, Lorca advierte la condeda de quienes se entregan a la contemplación y al conocimiento. Se puede morir de hambre aún con el estómago lleno, y eso es precisamente lo que sucede actualmente: el mundo entero, la sociedad, se han convertido en un aposento de mendigos, de hombres famélicos espiritualmente. ¿Cómo contrarrestar esta enfermedad colectiva? ¿Cómo alimentar al corazón? Es preciso, para ello, sentir, pero no sentir como sinónimo se sensiblería, sino como alusión a la contemplación. Solo el arte, y en definitiva, la belleza y el conocimiento, podrán salvarnos de nosotros mismos.
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EL LECTOR
¡Tengo un hambre atroz!
¡Me urge un plato humeante y suculento!
¡Yo también tengo hambre!
¡Me urge leer un buen libro!
¿Un libro? ¡Qué romántico eres!
Tienes “hambre de conocimientos”.
¡Hasta suena a poesía!
Solo en apariencia…
En el fondo mi apetito es una condena.
¿A qué te refieres?
El hambre física se calma con facilidad.
Se requieren un par de bocados
para mantenerla a raya.
Pero el hambre de conocimientos
es insaciable, abrasiva.
Podrías devorar una biblioteca entera,
y en lugar de diezmar el apetito,
este se exacerbaría hasta herirnos el espíritu.
Entonces eso quiere decir
que estás condenado a morir de hambre.
Quien lee y se educa, no puede morir de hambre, muere siendo consciente de que no sabe absolutamente nada.
FIN
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Espero el poema haya sido de su agrado. Cualquier sugerencia, opinión o comentario, serán bien recibidos. ¡Nos vemos pronto!
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