Es la formación teórica centésimo primera del segundo año de la formación en fomento de justicia y felicidad. Luno oye atento a su formador.
-Bien, en la sección de historia de hoy veremos un hecho triste y que quizás no comprendan ¿Cuántos de ustedes han tenido actividad sexual con una persona de su mismo sexo?
Solo un formado, de los casi treinta formados, no levantó la mano.
-Hace más más de mil años, en la mayoría de las primeras culturas, ustedes pudieron haber sido socialmente rechazados.
Los formados de la clase quedaron un poco desconcertados. Uno de ellos hizo la pregunta obvia: “¿Por qué?”.
-El contexto de antes era muy distinto y no muy agradable. El principal factor que fomentaba esta extraña y peligrosa conducta era la religión. La religión era el antónimo del método científico. El principio del método científico es dudar de algo o suponer ideas y, claro, su objetivo es aceptar o rechazar éstas o nuevas ideas. La religión era suponer lo que una autoridad decía sin dudarlo, sino simplemente aceptarlo.
La mayoría de la clase comenzó a reír. Pero algunos formados, dentro de ellos Penso, tuvieron algo de miedo.
-No, chicos, no estoy bromeando -dijo el formador, haciendo una pausa-. La verdad es que el comportamiento social que actualmente nos ayuda mucho a mantener nuestras normas para sostener y mejorar la civilización, en el pasado solían establecer reglas sociales incorrectas. Ese comportamiento social y moral recaía principalmente en la religión. Por si fuera poco, había distintos tipos de religión según el lugar donde nacieras. Sin embargo una de las más influyentes fue el cristianismo. Les platicaré algunas de las incoherencias que el cristianismo imponía en las mentes de las personas del pasado, y que estaban inscritas en un libro. El libro y sus defensores proclamaban que éste era la palabra de dios, un ser que estaba en todos lados, amaba a todos, lo sabía todo, lo podía todo. Este ser habría creado el universo y a los humanos en siete días…