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Te propongo una tregua, una conciliación antes de que venga mamá y nos regañe por todo este desastre. Además, fue un accidente, pero ella no escuchará razones, solo se dejará llevar por los hechos.
Todo por un juguete que dices que tomé, pero la verdad, no sabes dónde dejas las cosas, y crees que por ser mayor tengo que estar cuidando lo tuyo.
Ya no llores, deja de decir que no me quieres, sabes que siempre es negociable ese sentimiento que dices tener cuando estás enojada. Nos conocemos tanto que por una pieza de pan de naranja me vuelves a hablar, como yo por el chocolate.
Toma, aquí está tu juguete, estaba entre el desorden que hiciste en el armario. Ven, que ya hace frío y al perecer mamá demorará un poco.
Por suerte dormimos en la misma habitación y así nos podemos hacer compañía. De tanto remover las cosas no sé dónde está mi suéter, solo encontré el tuyo, sé que no te gusta mucho que te abrace, pero esta vez no hay remedio sino me muero yo de frío.
No entiendo porque no te gusta...
Lo prometido es deuda, en la tregua que pactamos diste tu palabra, mañana te toca a ti lavar los platos.
Te has puesto el perfume de mamá y has usado mi champú. Teniendo tus cosas siempre buscas lo que no es tuyo. Ahora tendré que vigilarte más de cerca.
Dicen que todos tenemos un propósito en la vida, que por algún motivo estamos aquí, creo que el mío es cuidar de que no hagas travesuras.
Ya tienes sueño, ha sido un día muy agitado para ti, para las dos.
Siento que siempre habrá una tregua entre las dos, un pacto de hermanas que no nos permitirá vivir alejadas la una de la otra. Que tus rabietas las desahogarás conmigo, pero siempre terminaremos con una sonrisa, estrechando los sentimientos en un abrazo.