Viernes de Lorazepam (relato breve)

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Viernes de Lorazepam

Ella, como todos los viernes en la noche, le dará al hombre la pastilla recomendada por su médico. La dosis acostumbrada de Lorazepam le hará efecto inmediatamente. El hombre caerá dormido y no escuchará la larga ducha que se dará la mujer, los aromas almizclados esparcidos por su cuerpo, la ropa ajustada como un guante, su cabellera suelta en mil hilos negros. El hombre no verá el último reflejo que le devolverá a la mujer el espejo: boca roja, brillante, entreabierta, como una sobredosis de miel y de hambre.

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Ella, como todos los viernes, caminará por las calles largas buscando respuestas. Atenta, caminará como una cazadora o como una presa. El hombre de siempre la estará esperando en una esquina, en su automóvil, el cual encenderá inmediatamente al verla. Ella apresurará sus pasos y entrará en el automóvil y mientras cierra la portezuela, le dirá haberlo extrañado mucho y el frío que hace afuera. El auto se impregnará del olor de la hembra, y el hombre ya nunca más sabrá de controles ni de riendas.

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En el hotel acostumbrado, ceñidos uno al otro como fieras, encontrarán consuelo mientras el sudor como hilillos hacen resbalar las piernas y caderas. Al finalizar, ella se arrullará al costado del hombre contándole todas las peripecias. El hombre hará lo mismo mientras sus manos acarician y juegan. Como de costumbre volverán a besarse y anularán aquel dicho que jamás segundas partes fueron buenas, ya que ahora será la paciencia la reina de las sábanas y de la entrega.

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En la madrugada, como siempre, la pareja saldrá del hotel y volverá a la carretera. Él besará la mano de la mujer en silencio, ella tendrá su rostro hacia la ventana derecha. Hombre y mujer calmados, desahogados y con algo de tristeza, van absortos en sus pensamientos mientras que el día apenas comienza.

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Como siempre, cuando la mujer se baje del auto y agarre su cartera, el hombre la detendrá y la hará voltearse para que lo vea. La mirará a los ojos y luego en letras menudas y pequeñas, sobre un papel en blanco le escribirá la dosis de Lorazepam que el esposo de la mujer deberá tomar, porque él es su médico de cabecera.

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HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

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