Tropezar con un imposible...

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En la mañana de ese día de enero, el hombre se había encontrado con la mujer en la cola para comprar los boletos. Su viaje aéreo había sido cancelado, así que decidió irse en barco, aunque el viaje durara tres horas. Le sonrió y ella le respondió con una ligera inclinación de cabeza, típica de algunas mujeres que no quieren entablar una conversación con nadie. Más tarde volverían a coincidir: su asiento estaba junto al de ella. Allí, el hombre comenzó la conversación con un tema trivial, como de costumbre. La voz de la mujer era dulce y sus ojos tenían un color extraño. El pelo negro y ondulado se enredó en los dedos de la mujer que los peinaba a cada momento.

Con el barco en movimiento, muchos pasajeros caminaban por el pasillo y otros seguían sentados en sus asientos hojeando libros o periódicos del día. En medio de sonrisas y conversaciones agradables los dos pasajeros escucharon la voz del capitán en el altavoz informándoles que uno de los motores del barco estaba fallando, que el barco se detendría en una de las islas más cercanas. Se lo tomaron con calma y como una posibilidad de seguir hablando y conociéndose. Cuando llegaron a la isla, el capitán pidió a los pasajeros que desembarcaran mientras la reparación estaba en marcha. El hombre y la mujer decidieron ir a dar un paseo, tomar un café, hacer algunas compras: en fin, continuar la conversación. El sol tenía una luz radiante, el azul cubría el cielo y el mar se hinchaba con la brisa. El paisaje no tenía la angustia del tiempo y esos dos saborearon cada palabra como si fuera la primera y la última.



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Cuando volvieron al barco y se les informó que pasarían la noche en la isla, no hubo ninguna queja ni preocupación. El hombre y la mujer se miraron como lo habían hecho toda la tarde: con una complicidad milenaria. Nadie supo que los dos decidieron tomar unas copas en cualquier bar de la isla, que la noche los encontró solos, sentados en una mesa de la esquina. Nadie supo que se habían quedado en el mismo hotel, en la misma habitación, y que al día siguiente, al amanecer, se despidieron en silencio, sabiendo que no se volverían a ver más nunca.

De vuelta al barco, se sentaron uno al lado del otro en silencio, cada uno imaginando y recordando el mundo al que volverían. Sin darse cuenta, algo en sus caras cambió. Ahora se miraban con tristeza, con una cierta pesadumbre y angustia. El hombre quiso en un momento tomar la mano de la mujer y ella esquivó ese gesto de forma nerviosa y abrupta. Ella miró por la ventana y sintió que había demasiado negro en el mar, demasiado gris en el cielo. Sintió que algo dentro de ella también rugía, se enfureció como las olas al chocar contra el barco. El hombre sacó un pañuelo y se limpió el sudor de su frente. Estaba nervioso. Tenía miedo de hablar, de decir una palabra que abriera más la grieta que había nacido entre ellos. Así que decidió guardar silencio durante todo el viaje.



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Cuando llegaron al puerto, el hombre y la mujer bajaron del barco con cuidado. Soplaba un viento que les despeinaba el pelo, pero aún así caminaron lentamente por el muelle. Dentro de ellos la isla era un lugar que estaba muriendo, que debía morir. En un momento dado, debieron decir adiós y lo hicieron sin un beso, sólo con un apretón de manos, como si fueran dos extraños. Cuando la mujer llegó a casa, se sentó en el sofá y se cubrió la cara con un cojín. Por el movimiento rítmico de su pecho, lloraba. Era un llanto silencioso, casi imperceptible. En su interior, sabía que hay puertas que nunca deben ser abiertas o cerradas. A kilómetros de distancia, el hombre está solo en su coche. Su cuerpo se estremece, sus retinas vibran, no sonríe. Sus pensamientos están lejos del continente, donde los rascacielos se elevan como una masa perfecta de vidrio y cemento. Mientras está en el coche, llaman a su móvil, lo contesta. Al otro lado de la línea, una voz femenina le dice que le está esperando para cenar y él piensa en lo agradable que hubiera sido quedarse en esa isla.


Espero que te haya gustado la historia. Hasta la próxima sonrisa

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