El hombre había hecho el viaje con su perro, ida y vuelta, a pie, salvando la corriente de un río y algunos derrumbes que había en el camino. El hombre estaba cansado no solo por el gran recorrido que habían hecho sino también por aquella enfermedad que comenzaba a paralizarle los huesos.
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En el camino, se había caído varias veces y con cada caída se había roto las rodilla y las manos. Cojeando había seguido acompañado de su perro que no solo era su compañero, también su confidente:
_¿Escuchaste lo que dijo el brujo, Nerón? Dijo que lo que tengo es una broma mala, hecha con tierra de cementerio -decía el hombre desalentado- Una broma mala que me llevará a la muerte. Pero yo creo que la muerte no puede ser peor que esto, Nerón. -decía el hombre amargado.
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Cuando llegaron a la casa, el hombre, como pudo, se echó en un catre. Los huesos le dolían como si fueran a quebrarse:
_¿Y escuchaste la forma de quitarme esto malo, Nerón? El brujo dijo que un perro debe lamerme para que sea él que se lleve lo malo y se me quite el dolor. Pero yo no quiero que seas tú, Nerón. Tú eres como mi amigo, mi hijo, mi hermano. Prefiero morirme yo.
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En plena oscuridad, se escuchaban los lamentos. Como un niño, el hombre no dejó de llorar en ningún momento. Lloraba como si mil cuchillos entraran en su cerebro. El dolor lo venció y se quedó dormido y quieto. Como si hubiesen pasado mil años, se despertó sintiendo algo recorrer su cuerpo: abrió los ojos y era Nerón el que lo estaba lamiendo. No tuvo tiempo de reaccionar: cuando el perro lo vio, salió corriendo. El hombre vio como Nerón detuvo su carrera y comenzó a tambalear. El hombre no pudo hacer nada: su perro ya se estaba muriendo.
HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS
nancybriti ·
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