Rayuela (Relato corto)

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Rayuela

Llegó como a eso de las 8 de la mañana, pero prefirió meterse en la casa familiar y descansar un poco. El viaje había sido largo y engorroso. La casa estaba sucia, abandonada: nadie vivía allí desde que todos habían muerto. Sacudió la cama y trató de cerrar los ojos. Lo que había visto en el pueblo lo había dejado inquieto y pensativo. Demasiada soledad en las calles, demasiado silencio, demasiada gente anónima vagando, con sus harapos puestos, desgreñadas, arrastrando su doliente humanidad.

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Tuvo pesadillas y se despertó. Eran las 6 de la tarde. Salió nuevamente a la calle como un sonámbulo. Al llegar, miró los árboles que languidecían en la plaza. Extrañamente no había nadie a esa hora. Recorrió la plaza y encontró que en una de las aceras estaba dibujada, con tiza blanca, una rayuela. Los recuerdos de su infancia vinieron a golpearle el rostro.

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En aquella época era muy niño para saber que había juegos de niñas y niños. Su padre, generalmente ausente de la casa, se cansaba de recalcarle, con jamaqueos incluidos, que solo debía jugar juegos de varones. Eres un hombre y esos son juegos de niñas, le gritaba, mientras chispas de saliva le caían en la cara. Y él, desde lejos, veía cómo los niños jugaban a saltar la rayuela, a intentar no pisar las líneas. La infelicidad era una sombra por las noches, cada día.

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Sin darse cuenta, se puso frente a la rayuela y empezó a saltar. De repente, como por generación espontánea, como si dentro de él las hubiese silenciado por mucho tiempo, voces de niñas salían de entre los árboles y las paredes de cal. Desde lo más remoto del pasado, miró cómo las niñas reían y él con ellas. Cuando llegó al último peldaño, caminó lentamente, arrastrando los pies como un condenado a pena. Entonces, como si hubiese abierto una puerta, del otro lado de la plaza su padre lo esperaba con su gesto atemorizante y hostil.

HASTA UNA NUEVA OPORTUNIDAD, AMIGOS

Rayuela (Relato corto) | Ecency