Muchas de mis pesadillas infantiles tuvieron marcadas por la severidad de los rostros de algunas esculturas. Esos rostros acusadores me miraban como señalando todos mis pecados que en ese momento eran pocos, pero que yo creía que me daban el pase directo al averno. jajaja. Recuerdo una escultura grande que aún existe en Cumaná, la cual me producía cierto escalofrío al sentir que sus ojos, así como las nubes, me perseguían por todos lados. Ahora, viéndolos desde la perspectiva del guardián, puedo entender la cara, porque a nadie se le tomaría en serio si está con la sonrisita y la cara de majadero. Es que hay cosas que son serias y hay que poner la cara para la ocasión. Por aquí ya los días comenzaron a tener otro color. Abrazos muchos para ti, @juancar347
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6y
RE: Guardianes de lo infinito