Nombrar las cosas
_Eso es comida. Tu comida favorita. La cual debes comer para poder alimentarte y te hagas fuerte y mejores –le dijo él mientras metía una cucharada en su boca con una sopa espesa y amarilla.
_¿Y dónde estamos? –continuó ella con los ojos clavados en él.
_Estamos en un hospital donde te están atendiendo para luego ir a casa. Aquellas que están allá son las enfermeras que te quieren mucho y aquella es la doctora. ¿Te acuerdas la que vino en la mañana y te dijo que debías comer? ¿No te acuerdas? Ella vino y te dijo que estabas muy bonita hoy, pero que si querías irte a casa debías comer y tomarte las medicinas. Así que come rápido para poder irnos porque allá en la casa te espera Boby.
_¿Y Boby por qué no vino?
_Porque aquí no dejan entrar perros y Boby prefirió esperarte allá, en casita, donde están tus cosas, tu ropa, tu cama, tu televisor donde puedes ver tus programas favoritos. Si comes y te tomas las medicinas vas a poder jugar con Boby, cargarlo, salir al jardín –le dijo él, mientras le limpiaba con una servilleta un hilillo de sopa que había en su boca.
_Yo quiero irme ahorita.
_Mañana. Si comes y dejas ponerte las inyecciones, te vas mañana. Ahorita no. Ahorita te vas a terminar la sopa, luego vamos a bañarte, después vas a tomarte todos los medicamentos y después te vas a dormir ¿De acuerdo? –le dijo él mirándola como si quisiera responderle todas las preguntas en una sola mirada, pasándole la mano tiernamente por el cabello.
_¿Y quién eres tú? –le dijo ella como extrañada, como si lo viera por primera vez.
Por un instante el joven sintió que algo salado le venía a la boca y tragó, grueso, difícil, pero logró decirle:
_Soy Ángel, madre, tu hijo, ¿No te acuerdas?
Ella lo miró como si no viera nada, como si estuviera lejos, como si su memoria estuviera vacía...
_¿Y dónde estamos? –volvió ella a preguntar…