Mi abuela, la maga (Relato corto)

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Mi abuela, la maga

Aquel día, luego de algunas travesuras en la cocina, mi madre me hizo correr por toda la casa, huyendo de un chaparro que ella llevaba en su mano y que si lograba alcanzarme, me haría brincar y llorar. No me alcanzó porque me escondí debajo de la cama, llorando anticipadamente, consciente de mi falta. Mi madre se marchó de nuevo a la cocina, no sin antes amenazarme que me daría un escarmiento si volvía con mi majadería. Me atreví a asomar la cabeza fuera de mi escondite cuando escuché la voz de mi abuela sobre la cama.

***

Allí, con aguja y dedal, ella cosía retazos en una colcha interminable, mientras hablaba como si lo hiciera con alguien:

_Cerca de Tuluá, el valle de los espíritus, vivía Kapei, una india que tenía un hijo muy llorón llamado Akanán que lloraba todo el tiempo. Un día, Kapei, cansada del llanto interminable de su hijo y buscando castigarlo, lo sacó fuera de su casa y dijo que si seguía llorando vendrían los espíritus y se lo llevarían. Akanán que era un niño muy desobediente, siguió llorando como si fuera una cascada o una lluvia feroz.

***

_Tenía media hora llorando, cuando Akanán vio que una nube espesa y oscura olcultó el sol y comenzó a llover. Llovió tan fuerte que todos los árboles grandes y las montañas se ocultaron y un gran río anegó todo. Akanán, asustado, vio cómo era arrastrado por las aguas y era llevado hasta las nubes. Allí se encontró solo y empezó de nuevo a llorar. Para su sorpresa, mientras más lloraba, más se inundaba todo, así que Akanán, queriendo que dejara de llover, dejó de botar lágrimas.

***

_Al rato, las aguas se secaron y los ríos volvieron a su cauce. Akanán entonces volvió a su casa y fue un buen niño que jamás lloró.

Ya para ese momento, mi cara estaba seca de lágrimas y mis ojos estaban atentos al rostro de mi abuela. Después de eso corrí de nuevo a la cocina y me metí entre las piernas de mi madre prometiéndole portarme mejor. En la habitación, mi abuela sonreía satisfecha, mientras cosía perfectamente un nuevo retazo en el edredón.

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

Mi abuela, la maga (Relato corto) | Ecency