Mi abuela, la maga
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Allí, con aguja y dedal, ella cosía retazos en una colcha interminable, mientras hablaba como si lo hiciera con alguien:
_Cerca de Tuluá, el valle de los espíritus, vivía Kapei, una india que tenía un hijo muy llorón llamado Akanán que lloraba todo el tiempo. Un día, Kapei, cansada del llanto interminable de su hijo y buscando castigarlo, lo sacó fuera de su casa y dijo que si seguía llorando vendrían los espíritus y se lo llevarían. Akanán que era un niño muy desobediente, siguió llorando como si fuera una cascada o una lluvia feroz.
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_Tenía media hora llorando, cuando Akanán vio que una nube espesa y oscura olcultó el sol y comenzó a llover. Llovió tan fuerte que todos los árboles grandes y las montañas se ocultaron y un gran río anegó todo. Akanán, asustado, vio cómo era arrastrado por las aguas y era llevado hasta las nubes. Allí se encontró solo y empezó de nuevo a llorar. Para su sorpresa, mientras más lloraba, más se inundaba todo, así que Akanán, queriendo que dejara de llover, dejó de botar lágrimas.
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_Al rato, las aguas se secaron y los ríos volvieron a su cauce. Akanán entonces volvió a su casa y fue un buen niño que jamás lloró.
Ya para ese momento, mi cara estaba seca de lágrimas y mis ojos estaban atentos al rostro de mi abuela. Después de eso corrí de nuevo a la cocina y me metí entre las piernas de mi madre prometiéndole portarme mejor. En la habitación, mi abuela sonreía satisfecha, mientras cosía perfectamente un nuevo retazo en el edredón.