Los errores de cupido
Desde joven y desde la primera vez que él la vio, se enamoró de ella. Él sintió que aquella mujer era el cielo con todas las estrellas, y se dejó llevar por aquel sentimiento arrasador sin vergüenza y sin pena. A todo el mundo le declaró que estaba loco de amor y sin cuerda, que su amor era bonito, incomparable, sin dudas y sí con muchas certezas.
A los oídos de la muchacha llegó, el rumor del amor de aquel chico, y acostumbrada a tener admiradores, ni caso le hizo. Pero como el amor es insistente y atrevido, un día el muchacho se presentó a su casa y con humildad le dijo: "Eres la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto y desde que te vi mi corazón late rápido, desbocado y con brío. Mírame cómo tiemblo, tan solo por estar contigo".
El ego y la vanidad pueden ser grandes enemigos y eso mismo sucedió con la muchacha que miró al joven con remilgo. Aunque al principio el muchacho se sintió rechazado, al final aceptó ser su amigo. Imaginando que al tenerla cerca, en ella podría nacer más que un cariño y porque como decía antes: el amor puede dejarnos ciegos, desorientados y confundidos.
Una tarde, el joven le envió un largo mensaje ofreciéndole su amor y a las tres horas, la muchacha le contestó. Le señaló los errores ortográficos y de redacción, y como si de un examen se tratara, le dijo que su ortografía le causaba mucha decepción. Atónito, y con mucho dolor, como pudo el muchacho le contestó: No es mi ortografía, es mi amor el error. Y aunque no lo creas, en todo esto, el decepcionado soy yo.
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A los oídos de la muchacha llegó, el rumor del amor de aquel chico, y acostumbrada a tener admiradores, ni caso le hizo. Pero como el amor es insistente y atrevido, un día el muchacho se presentó a su casa y con humildad le dijo: "Eres la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto y desde que te vi mi corazón late rápido, desbocado y con brío. Mírame cómo tiemblo, tan solo por estar contigo".
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El ego y la vanidad pueden ser grandes enemigos y eso mismo sucedió con la muchacha que miró al joven con remilgo. Aunque al principio el muchacho se sintió rechazado, al final aceptó ser su amigo. Imaginando que al tenerla cerca, en ella podría nacer más que un cariño y porque como decía antes: el amor puede dejarnos ciegos, desorientados y confundidos.
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Una tarde, el joven le envió un largo mensaje ofreciéndole su amor y a las tres horas, la muchacha le contestó. Le señaló los errores ortográficos y de redacción, y como si de un examen se tratara, le dijo que su ortografía le causaba mucha decepción. Atónito, y con mucho dolor, como pudo el muchacho le contestó: No es mi ortografía, es mi amor el error. Y aunque no lo creas, en todo esto, el decepcionado soy yo.