La que conoce la noche
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¿Cuántos años puede tener? Aunque sean pocos, siempre van a ser muchos. En la calle, la vida no se mide por años sino por heridas, trasnochos: la mordedura del animal llamado experiencia es letal y permanente. ¿Viene o va? A esa hora quién sabe. Camina como si los pies supieran a dónde van, pero la delatan los ojos, que vagan, perdidos, mientras cruza por las esquinas y su sombra camina por las llagas de cemento.
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Con su andar inquietante se balancea el mundo y hace temblar los charcos dejados por la lluvia. Es experta acaparando miradas, sembrando suspiros, deteniendo los carros. Cuando alguien se detiene a su lado, abre los ojos y le promete los jugos de los amaneceres, los trucos de su oficio. Son transacciones que se concretan entre los túneles de sus muslos, mientras que para ella su cielo cada día envejece.
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En la vida de ella no hay acontecimientos en mayúsculas que contar, solo días rotos y rojos al lado de paredes con graffitis sucios: una cuenta regresiva que no se detiene. Así que no hay pasado que recordar y en donde refugiarse, y el presente es un relato brusco. Mientras camina por las callejuelas, también le bosteza el futuro, pero ella sigue con su andar consciente de que la noche es la única editorial que sabe de su vida.