La hora de los ausentes (Relato corto)

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La hora de los ausentes

A esa hora se escuchaban los cohetes y la algarabía. Los niños en la plaza brincaban paseando sus estrenos. En las cocinas de las casa, ollas enormes con agua hervía esperando las hallacas de diferentes carnes. Encima de las mesas adornadas con colores vistosos, platos y cubiertos esperaban a los comensales y la cena. El final del año era inminente y cada hora transcurrida se disolvía como en un sueño.

0***0

Cuando la manecilla del reloj estaba más cerca de las 12, en aquella casa todos comenzaron a reunirse en torno a la mujer más vieja. Ella, frágil, tierna y pequeña, estrechaba las manos de los hijos como si formaran una cadena. Y los surcos del rostro de la mujer se comenzaron a llenar de traslúcida estela: cada año eran menos manos para estrechar, cada año había más distancia y más espera.

0***0

Celulares encendidos en mitad de vídeo llamadas, pasaron de mano en mano en una migración presente: el hijo, el sobrino, el nieto, gritaban "Feliz año", y se notaba de la voz el quiebre. Nudos de gargantas que nada disuelve, deseos de estar juntos como en aquellos ayeres. Pronto regresaremos, decía uno; otro gritaba: espérenme, seguro yo estaré con ustedes el próximo diciembre. Guárdenme hallacas y también aguardiente, decía el que ya tenía como tres años ausente. La mujer más vieja sabe que después de idos, nadie viene, pero asiente y sonríe porque es feliz de oírlos y de verles.

0***0

A la media hora, ya es otro año y la familia de aquella casa come en silencio como si fueran duendes. Los celulares apagados y las sillas vacías recuerdan mucho a los ausentes. Y el cielo se llena de fuego artificiales, y cada uno alza la frente. Se nota que afuera hay colores, pero dentro de cada uno de ellos, llueve.

FELIZ Y MEJOR NUEVO AÑO, QUERIDOS AMIGOS

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