La hora de los ausentes
0***0
Cuando la manecilla del reloj estaba más cerca de las 12, en aquella casa todos comenzaron a reunirse en torno a la mujer más vieja. Ella, frágil, tierna y pequeña, estrechaba las manos de los hijos como si formaran una cadena. Y los surcos del rostro de la mujer se comenzaron a llenar de traslúcida estela: cada año eran menos manos para estrechar, cada año había más distancia y más espera.
0***0
Celulares encendidos en mitad de vídeo llamadas, pasaron de mano en mano en una migración presente: el hijo, el sobrino, el nieto, gritaban "Feliz año", y se notaba de la voz el quiebre. Nudos de gargantas que nada disuelve, deseos de estar juntos como en aquellos ayeres. Pronto regresaremos, decía uno; otro gritaba: espérenme, seguro yo estaré con ustedes el próximo diciembre. Guárdenme hallacas y también aguardiente, decía el que ya tenía como tres años ausente. La mujer más vieja sabe que después de idos, nadie viene, pero asiente y sonríe porque es feliz de oírlos y de verles.
0***0
A la media hora, ya es otro año y la familia de aquella casa come en silencio como si fueran duendes. Los celulares apagados y las sillas vacías recuerdan mucho a los ausentes. Y el cielo se llena de fuego artificiales, y cada uno alza la frente. Se nota que afuera hay colores, pero dentro de cada uno de ellos, llueve.