La esperada alegría…
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Los que se habían ido, llamaban diariamente preguntando y los que se habían quedado, con voz llena de fe, decían que aún nada, pero remarcaban con certeza, como si se escondiera en cada palabra una promesa: pronto, muy pronto, de este mes no pasa. Y del otro lado del teléfono se escuchaba la esperanza, porque la esperanza no solo tiene sonido, también olor y color, y hasta sabor cuando está pronto a llegar lo que se ha deseado tanto.
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Cada día, la gente se levantaba animosa y expectante segura de descolgar los adioses acumulados en todas las puertas, sacudir el polvo de la tristeza, unir los lazos familiares. En las calles se hablaba de los retornos inevitables, de los abrazos prometidos, de los sueños premonitorios que habían tenido cada noche y que hablaban de la caída de las fieras. No faltó quien prometiera la comida que se había de comer para la magna fecha, ni el que prometiera descorchar botellas del mejor licor solo para festejar la inauguración de la prometida y añorada alborada.
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Frente a los televisores, radios, computadoras, celulares, la gente aguarda paciente el momento imaginado por tan largo tiempo; dicen ser conocedores del instante previo al alba, de oler las caídas de los grandes muros y aunque las horas pasan sin buenas nuevas, la gente se va a acostar ilusionada y negada a creer en que hay profecías incumplidas.
HASTA UNA NUEVA LECTURA, AMIGOS