Huesos de dinosaurios
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Tomé el hueso y se lo llevé al abuelo. Él estaba viendo el periódico y cuando me vio que llegué corriendo me preguntó qué tenía y fue cuando le enseñé el hueso. El abuelo lo vio y me dijo que parecía de un dinosaurio. Yo brinqué de la emoción y también se lo enseñé a la abuela quien estaba cocinando. Cuando mis padres regresaron en la noche del trabajo les conté que Rigo y yo habíamos encontrado un hueso de dinosaurio en el patio. Mis padres se echaron a reír.
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A la mañana siguiente, le dije al abuelo que me contara todo sobre los dinosaurios y nos pusimos a ver unos libros que había en la biblioteca de papá. Allí vimos unas fotos de muchos huesos, pero aunque no eran iguales al que había encontrado, el abuelo dijo que mi hueso era un hueso verdadero de dinosaurio. Me sentí tan contento que ese día hice un dibujo de dinosaurios y soñé con ellos.
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Toda la semana le conté a mis amiguitos de mi tesoro, pero nadie me quiso creer. Supuestamente los huesos de dinosaurios están en África, me dijo Toñito, y África está muy lejos de aquí. También la maestra dijo que los dinosaurios murieron y ya no queda nada de ellos. El abuelo me ha hecho prometer que no le diré a más nadie y que ese será nuestro secreto. Solo él y yo sabemos que en el fondo de la casa tenemos un Jurassic Park y lo visitamos todas las noches en mis sueños.