Feliz día del niño...

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Feliz día del niño

Buen día, amigos. Hoy se celebra en Venezuela el día del niño. Tal vez este año, debido a la cuarentena y al Covid19, no haya tanta celebración ni fiestas, pero seguro buscaremos la forma de complacer y llenar de alegría a esas personitas especiales y mágicas, como son los niños.

Debo decir que no tengo hijos, pero la vida me ha dado la dicha de tener unos sobrinos maravillosos a los que he apapachado, complacido, amado como si fueran mis niños. Ellos han vivido cerca de mí siempre, por lo que he vivido cada una de sus etapas, sin perderme ni una palabra, ni un paso, ni una caída.

En otrora, casi siempre íbamos a la playa, pensando en que ese era el lugar perfecto para celebrar el Día del niño. Y así era. Los niños jugaban, nadaban, comían golosinas y helados, y al final del día sus cuerpitos quedaban estropeados de tanto mar y travesuras.

Al principio fue Julio Rafael, mi sobrino mayor, quien mantuvo el trono de único hijo, único nieto y único sobrino por mucho tiempo. Toda la fiesta y toda nuestra vida giraban en torno a él. Luego vinieron Eloynes y Marys, las princesas de la casa, traviesas, alegres, cómplices. La casa se llenó del aire mágico que dan las niñas al nacer. Luego, llegó David, destronando a todos con su vivacidad, simpatía, su angelical sonrisa. La casa siempre estuvo llena de bulla, muñecas, carritos, paredes rayadas: la prueba evidente de que allí vivían niños, sanos, libres y felices.

Pero los niños crecieron…

Ya dejaron los juegos infantiles, los colores y los juguetes. Lo único que dibujaban eran corazones en las portadas de sus cuadernos y en la corteza de los árboles. Mi sobrinos crecieron y la familia resintió la alegría que solo ofrecen los niños. Así que, aunque parezca insólito, seguimos celebrando esta fecha y la navidad con otros niños que veían en la casa un lugar donde estar tranquilos, amados, cuidados y valorados.

Pero hace dos años nació Juliet: hermosa, alegre, juguetona, única. Ella es el sol que entra en mi casa llenando todo de energía, luz y calor. Tenerla a ella, aunque sea unas horas porque no vive con nosotros, es como recuperar nuevamente la necesidad de ser creativos, pacientes, payasos, dibujantes, bailarines, titiriteros: es volver a ser niños.

Dicen que la niñez no es una cuestión de cédula sino de células, que aunque crezcamos, la idea es no matar a ese niño que siempre vivirá en nosotros. Aunque mis sobrinos hayan crecido, para mí siguen siendo los niños que tuve en mis brazos. Julio será el niño que lloró en mi hombro cuando perdió su sacapunta en la escuela; Marys, la niña a quien dormía cantándole el himno nacional. Eloynes, la que me pedía que le contara cuentos para dormir; y David, el niño que corría feliz a abrazarme cuando llegaba a casa.

Este texto es para mis sobrinos amados, los que crecieron rápido, pero que nunca dejarán de ser para mí, mis niños. Para ellos y para todos los niños sin cédulas y de células, feliz día…

Bonito domingo, amigos

*Las fotografías recientes fueron tomadas y trabajadas con mi celular Blu C4CO5Ou. Android dua. Las otras pertenecen a mi archivo personal.

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