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Pero uno de estos días de esta semana, el hijo recibió un mensaje y luego una llamada: tu padre no está bien, lo hemos tenido que llevar a un hospital esta madrugada. Tiene una infección pulmonar y una insuficiencia cardiaca. Hemos tenido que hacerle análisis de todo tipo, rayos x y un ecocardiograma. Está muy débil, cansado, con la salud muy deteriorada.
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Y el hijo no puede creerlo y dentro de sí piensa: viejito, aguanta, no te vayas sin despedirte, falta poco para que vuelva a casa. Y comienza los trámites de regreso con un nudo en la garganta. Un escalofrío le recorre la espalda y un miedo al tiempo, enemigo tiempo, le deforma la cara.
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Mientras va en el avión, el hijo en oración, le pide a su padre: resiste, falta poco, no te vayas. Pero en aquel sucio hospital, en aquella habitación, su anciano padre padece, soporta, calla. Triste por no cumplirle la promesa a su hijo, cierra los ojos, y como si la vida fuera algo pesado, poco a poco va dejando su carga.