Encuentro nocturno
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El hombre hizo para seguir su camino, pero se devolvió. La miró desde lejos y trató de visualizarla mejor: efectivamente era una niña sentada sobre una de las aceras con la cabeza metida entre las piernas. Qué hará una criatura tan pequeña a esa hora por la calle, pensó el hombre. ¿Por qué llora y a quién espera? A veces no hay respuesta a las tantas incertidumbres de la noche, dijo mentalmente, encogiéndose de hombros.
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Dio varios pasos y no pudo aguantar aquella imagen del abandono, por lo que cruzó la calle y se acercó a la niña. El llanto cada vez se hizo más claro y nítido, también a medida que se acercaba, escuchó que la niña hablaba. Tal vez era una indigente de esas que abundaban cada día más en la ciudad, pensó el hombre mientras se aproximaba a la criatura que permanecía agachada y con el rostro oculto.
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Cuando el hombre llegó, la niña guardó silencio. El hombre le preguntó: ¿qué haces tan sola a esta hora, dónde están tus padres, por qué lloras? La criatura alzó la cara y dejó ver todas las arrugas. Ante la sorpresa del hombre, con voz infantil, ella dijo: te estaba esperando. Y ella tomó de la mano al hombre que empezó a caminar a su lado sin darse cuenta que solo una imagen, la de él, se reflejaba en los pocitos de agua que dejaba la lluvia.