El final de la lluvia
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Cuando salimos estaba lloviendo. Yo le dije para no ir, pero mi mamá es muy estricta con mis consultas. Primero fuimos por los resultados de unos exámenes y luego fuimos al consultorio del doctor Pedroza, un señor de pelo blanco y lentes gruesos. Cuando llegamos tuvimos que esperar. Como llevé mis muñecos, me puse a jugar en la alfombra. Desde ahí podía ver a mi mamá como si estuviera inquieta. Siempre es así, por eso le digo para no venir, pero ella nunca me hace caso. Cada vez que venimos al médico, ma, se pone triste.
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Cuando logramos entrar, fue lo de siempre: abre la boca, respira, tose duro, más duro. Luego me hace salir y mi mamá se queda con el médico. Esta vez, pasaron más tiempo. Cuando mamá salió le dije que quería pizza y refresco. Mamá me dijo que sí y me tomó fuerte de la mano y salimos. Ya había dejado de llover y pude ver su rostro y estaba como feliz.
Entonces le pregunté:
_¿Ya no vamos a volver más al consultorio, ma?
_No, ya no más -dijo y sonrió, y aunque no llovía, había gotas de agua en su cara.